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Nacionales — enero 21, 2015 at 6:51 pm

Los genios de Acton

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Screen Shot 2015-01-21 at 17.53.20El sistema de Acton Academy es joven, nació hace cuatro años en Estados Unidos. Sus fundadores, Jeff y Laura Sandefer, estaban insatisfechos con el sistema educativo tradicional y, tras investigar métodos alternos, fundaron Acton Academy en Austin, Texas. Lo nombraron así en honor a Lord John Acton, un historiador y político inglés del siglo XIX quien escribió en pro de la libertad responsable.

En 2011, el guatemalteco Juan Mauricio Bonifasi viajó a Austin para conocer el proyecto de su amigo Jeff. Cuando lo vio, supo que era lo que buscaba para sus tres hijos.

A Bonifasi no le gustaba cómo participaba en la educación de sus pequeños en Guatemala y creía que era importante que fueran ellos quienes se responsabilizaran de su educación, en vez de generar dependencia. Ya había leído Unschooling Rules, una obra de Clark Aldrich que plantea lineamientos para revolucionar la educación y en la que está basado el método Acton. El libro, más la experiencia en Texas, lo convencieron de que el sistema tradicional no era una opción para su familia. En 2011 fundó Acton Academy Guatemala (AAG).

Las clases iniciaron en una casa amplia de la zona 15. Era un curso de verano con 12 alumnos, pero la respuesta positiva de los estudiantes convenció a los fundadores –Bonifasi y su esposa– de abrir la academia de forma permanente. En septiembre 2014 AAG cumplió tres años y cuenta con más de 30 alumnos. Esperan comenzar el nuevo ciclo con 36.

La metodología en Acton Academy

El contenido académico no es el centro del proyecto educativo de Acton, el sistema se enfoca en desarrollar al individuo. Sin embargo, hay una base académica sólida conformada por tres pilares: lectura, escritura y matemática, los fundamentos para cualquier profesión.

El método inculca a los niños, desde pequeños, el hábito de la lectura. Cada uno elige qué quiere leer, puede ser desde la biografía de la banda musical británica One Direction hasta El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas. También  fomenta la escritura. Redactan muchos ensayos y desarrollan la creatividad con historias cortas, poesía e incluso blogs.

En el área matemática estudian con el programa Khan Academy. Este nació en 2006 con el fin de enseñar matemática a todo nivel de forma gratuita. Está disponible en 26 idiomas y recibe10 millones de estudiantes al mes.

Allí termina cualquier similitud con la educación tradicional. No existen clases magistrales ni hay profesores. Los alumnos tienen facilitadores. Ellos son los copilotos del proceso educativo, pero el estudiante es quien maneja la barca.

Acton no es lo mismo que homeschooling (educación en el hogar). El primero sigue un método, mientras que el segundo puede seguir varios o ninguno y se diferencia del sistema educativo tradicional en que los niños se educan en casa. Acton se puede acoplar con facilidad al homeschooling. De hecho, puede enseñarse en cualquier lugar.

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La filosofía Acton

Acton combina tres métodos educativos: el sistema Montessori, el diálogo socrático y el aprendizaje basado en proyectos. El primero permite que el alumno descubra las cosas a su paso y, combinado con el diálogo socrático, logra que cuestione todo lo que se le presenta y discuta sin temor a equivocarse o a las burlas de sus compañeros. El tercer método es parte de una de sus ramas de enseñanza que se enfoca en aprender haciendo las cosas.

La filosofía Acton se enfoca en aprender a ser, aprender haciendo y aprender a conocer. La primera rama se enfoca en que el niño entienda quién es, qué le gusta, qué quiere hacer y cómo quiere ser. Construye  buenos hábitos y desarrolla criterio para tomar decisiones.

El segundo es un enfoque práctico de la educación. Bonifasi explica que no basta con conocer toda las partes de una bicicleta y la teoría de cómo se maneja, sino que hay que montar una. Lo mismo sucede en las otras áreas, los chicos estudian la teoría y luego la ponen en práctica. A esto le llaman project based learning (aprendizaje basado en proyectos). Un ejemplo es que realizaron una feria de negocios en la que cada quien tuvo que montar su propia empresa desde cero.

El tercer enfoque, aprender a conocer, es el área más académica. Requiere que los estudiantes investiguen, que utilicen todas las herramientas disponibles –libros, Internet, vídeos, expertos– y que aprendan. Los alumnos toman cursos en línea –desde clases de cocina hasta biología molecular– y se les recomienda buscar mentores.

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El ‘viaje de héroes’ 

No existe la rutina en AAG, cada día es distinto. La jornada incluye dos o tres horas de estudio individual (matemática, lectura y escritura), pero después de eso hay mucha variedad en las actividades.

Es común que los alumnos reciban visitantes. Estos incluyen expertos de distintas profesiones o personas que llegan a contarles acerca de sus vidas, de su ‘viaje de héroes’. En Acton se le da mucha importancia a la travesía que experimenta cada niño. Ximena, una de las facilitadoras, explica que ese viaje es el que todas las personas vivimos a lo largo de nuestras vidas y con el que se conocen amigos, enemigos, victorias, obstáculos y problemas. El fin es “compartir el elíxir”, comenta, “todo esto que yo he aprendido puede ayudar a otros a crecer”.

Todos los niños tienen grandes capacidades y potencial para ser exitosos. Parte del viaje es descubrir cuál es la pasión de cada uno y cómo puede desarrollarla. Ana Lucía de Bonifasi, directora de Acton, explica que parten de la premisa de que todos los chicos son genios en algún área, hay algo en lo que brillan. “La pregunta no es: ¿eres genio?, sino: ¿en qué eres genio?”, explica Daniel, un facilitador.

Para descubrir esa genialidad, los lunes se fijan metas de cualquier tipo: personales, académicas o de recreación. Desde mejorar su postura al sentarse hasta aprenderse el mapa completo de un continente. Los viernes se evalúan las metas y los chicos comparten su progreso con la comunidad.

Acton no entrega una certificación oficial de los estudios cursados ni calificaciones. Sus contenidos, además, no son compatibles con los del currículo nacional base del Ministerio de Educación (Mineduc). Bonifasi explica que los egresados que deseen asistir a una universidad nacional pueden tomar el examen de suficiencia del Mineduc y graduarse de bachilleres por madurez. El sistema en Guatemala ya cuenta con dos egresados, un hombre y una mujer, y ninguno se quedó en el país, ambos viajaron a Estados Unidos. El joven obtuvo una beca para jugar golf y ella participa en un proyecto de investigación médica.

No se adapta cualquier papá

En Acton no existen 12 grados académicos como en las escuelas tradicionales. A los alumnos se les agrupa en tres niveles: primaria (niños de 6 a 10 años), intermedia (11 a 14 años) y secundaria (15 años en adelante).

Ya que el contenido y el currículo no es el enfoque de Acton, un alumno puede ingresar en cualquier momento del año. Las destrezas principales (lectura, escritura y matemática) se practican a diario y cada estudiante va a su ritmo. No existe fecha de graduación porque cada quien se retira cuando se siente preparado. Aún no es posible calcular un promedio de años de estudio, pero Bonifasi considera que la mayoría de alumnos se irá entre los 15 y 18 años.

Algo que les encanta a los alumnos es que no hay tareas. “Nosotros creemos que la gran tarea es la vida”, explica Bonifasi “y la idea es que de aquí salgan a sus actividades, a realizar más de sus pasiones”.

Una de las alumnas de secundaria cuenta que va a clases de baile todas las tardes. La danza es su pasión. Sin embargo, el año pasado varias compañeras dejaron el baile porque no les daba tiempo de hacer las tareas. “¿Cómo es posible que su colegio les impida seguir su pasión?”, se pregunta la joven.

Los cuatro chicos que integran la clase de secundaria tienen muy claro cuáles son sus pasiones y trabajan en un plan para seguirlas. Al preguntarles si extrañan o si querrían regresar a su colegio antiguo todos responden inmediatamente:“No”.

Ellos ya pasaron por el proceso de acoplarse y al conocer ambos sistemas aseguran que el de Acton es mejor. Una de las alumnas explica que el sistema la hizo más responsable. “En nuestros momentos de estudio individual siempre se presenta la tentación: ¿veo un vídeo en Youtube o hago mi tarea de matemática?”, cuenta. “Nadie me va a regañar si veo el vídeo pero sé que la matemática es más importante, y yo soy responsable de mi tiempo”, se responde.

La libertad que da el método genera disciplina porque los niños rinden cuentas de su progreso. No hay exámenes ni calificaciones pero sí hay espacios para compartir con los otros compañeros el progreso y nadie quiere ser el que se queda atrás.

Algo en lo que toda la comunidad Acton (alumnos, autoridades y facilitadores) está de acuerdo es que este colegio es para cualquier niño, pero no para cualquier padre. No todos los papás se acoplan al sistema.

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Carmina Valdizán fue una de la madres que inscribió a su hijo en la primera promoción de Acton. Su familia vivía en Panamá y su hijo de 8 años había estudiado en un colegio que practicaba la metodología Montessori. Al venir a Guatemala lo inscribió en el Colegio Americano, pero no funcionó, era muy estructurado para él. Luego escuchó de Acton y lo trasladó allí porque se parecía más a la escuela panameña.

Sin embargo, su pequeño solo permaneció en Acton año y medio porque sintió que la presión académica era muy grande. Le generó estrés que nadie lo presionaba para que hiciera su trabajo y, al momento de la entrega, lo tenía acumulado. Sus padres lo trasladaron a Equity, un colegio americano más parecido al de Panamá. Le fue tan bien en las evaluaciones de admisión que ofrecieron adelantarlo de grado, pero ella prefirió que se quedara con los chicos de su edad.

“Acton es una maravilla”, dice Valdizán, “pero creo que mi hijo tuvo problemas por tanto cambio en tan poco tiempo y porque él no es muy estructurado, es parte de su personalidad”, comenta. No descarta que en el futuro quiera regresar.

La colegiatura en Acton está por encima de las posibilidades de muchos padres, Valdizán pagaba US$960 al mes (alrededor de Q7 mil 500, el triple de un salario mínimo guatemalteco), una cuota que incluía todas las actividades, materiales y equipos, no había pagos adicionales.

Valdizán también está convencida de que Acton no es para cualquier familia, puesto que los padres deben estar convencidos del método y vivirlo en casa. El rol que juegan es tan importante que incluso en el proceso de admisión ellos pasan por un proceso más riguroso que los hijos. Deben leer Unschooling Rules, realizar un ensayo en el que presentan su opinión del libro y explicar qué quieren y qué esperan de la educación de sus hijos.

Acton es un compromiso de toda la comunidad. No es para padres que busquen estructura o que esperen medir el progreso de sus hijos con calificaciones. Desde pequeños se les enseña disciplina y autonomía, y dedican mucho tiempo a explorar qué quieren hacer cuando salgan de allí y se les ayuda a hacer un plan de trabajo para lograrlo.

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