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Columnas, Opinión — octubre 2, 2015 at 12:55 pm

Ni izquierda ni derecha

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Ni un amplio conocimiento del Estado ni una moral distanciada del sistema político tradicional, serán capaces de encausar a Guatemala por el camino de la prosperidad.

Foto: Archivo/CP

Foto: Santiago Billy/DD

Sin un profundo cambio en los poderes del Estado y el cese a la interferencia de estructuras paralelas, los resultados serán los mismos independientemente de quién llegue al poder.

Los guatemaltecos cumplieron la misión de negarle la presidencia a Manuel Baldizon. Con un pánico generalizado, la ciudadanía votó en contra del caudillo y a favor de Sandra Torres y de Jimmy Morales.

Hoy, ambos candidatos deben pensar sus próximos pasos. Torres utiliza la retórica de un gran “acuerdo nacional” para enmascarar la realidad de alianzas con diversos grupos que han sido responsables de la condición en la que se encuentra el país. En el caso de Morales, una alianza rompería su único atributo vendible, el cual es el distanciamiento de la clase política tradicional. ¿Cómo, entonces, pretenden llegar al poder? Sin alianzas, no es posible. No serán ni los planes de gobierno, ni su capacidad ni su trayectoria los que convencerán a los guatemaltecos por quién votar. Serán las alianzas que se  hagan con los poderes tradicionales lo que determine quién será el próximo jefe de Estado.

Por ello, es imperativo que la ciudadanía esté atenta y no se deje influenciar por las falsas ideologías de izquierda ni de derecha responsables de escribir la historia reciente. En Guatemala, hoy no existe ni una derecha ni una izquierda pura y fiel a su ideología. Nuestro país es de ricos y pobres, de oportunidades para pocos y no para la mayoría, de privilegios para un selecto grupo en detrimento de los demás. Esto es el resultado de las alianzas históricas entre gobernantes y los poderes detrás de ellos.

¿Quién es Torres? ¿Cuál es su ideología? Ser la candidata que da a los pobres no la hace una socialista, la hace una populista. Sin embargo, cada saco de fertilizante que se le otorga a un pequeño agricultor, enriquece desmesuradamente a un capitalista que importa dicho producto. De igual manera, la salud del gobierno de Álvaro Colom cobró una factura multimillonaria a favor de un selecto club de empresarios del sector farmacéutico, mientras a la población en general no le alcanza para comprar medicamentos.

No será ni una visión de derecha militarizada como la de Morales ni  una de izquierda populista como la de Torres las que encaminen a los guatemaltecos hacia un mejor futuro.

Los gobiernos de derecha, de igual manera, le son infieles a su ideología. El gobierno militar de derecha del Partido Patriota (PP) empoderó a falsos líderes sindicales y desprestigió los avances en los temas laboral y sindical, que cobró la vida de muchos guatemaltecos de ideología definida y progresista. Hoy, Morales se acerca a los expatrulleros de autodefensa civil y corre el riesgo de abrir una llaga de la historia guatemalteca que aún no termina de sanar.

En el caso de Torres, no hay mucho por descubrir y sus alianzas serán las mismas que la llevaron al poder en tiempos de su exmarido. Sin embargo, la falta de conocimiento y experiencia de Morales nos puede llevar a revivir una historia que la mayoría no estamos dispuestos a repetir, pero que garantiza la continuidad en el poder a un selecto grupo.

Ocho presidentes de la era democrática y de diversas ideologías han gobernado Guatemala sin ser capaces de afrontar la verdadera problemática que abate a la mayoría. Las condiciones que llevaron a una ciudadanía a dividirse y confrontarse en una guerra civil, se encuentran a flor de tierra. No será ni una visión de derecha militarizada como la de Morales ni  una de izquierda populista como la de Torres las que encaminen a los guatemaltecos hacia un mejor futuro.

Solo una profunda reforma de la Constitución permitirá crear la bases sólidas que Guatemala requiere para salir adelante. Pero antes de llegar a una Asamblea Nacional Constituyente, los guatemaltecos debemos asegurarnos que los llamados a llevar acabo esta difícil tarea representen los intereses de la mayoría. Guatemala ya no aguanta más demagogia y retórica ideológica. Solo con un cambio profundo, podremos blindar el sistema y asegurar la prosperidad y el desarrollo para la mayoría.

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