Cultura, Historia — octubre 6, 2015 at 12:15 pm

Lo que me contaron de la guerra

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La paz en Guatemala ya alcanzó la mayoría de edad. Pero parece que todavía no tenemos muy claro qué pasó aquí. La verdad es tan personal como los recuerdos. Los adultos seguimos contradiciéndonos, negando o afirmando con vehemencia. ¿Y los jóvenes? ¿Qué saben aquellos que nacieron cerca del fin de la guerra?  Invitamos a varios de ellos a que escriban “Lo que me contaron de la guerra”. Los relatos se publicarán durante el mes de septiembre. 

Foto: Archivo/CP

“El Ejército estaba obligado a defender a los guatemaltecos”

Francisco Zuluaga Ospina. 19 años, Estudiante de Derecho, UFM

El Conflicto Armado Interno fue, a mi entender, una consecuencia de los conflictos ideológicos y políticos que vivió Guatemala a partir de 1945. Tanto la izquierda como la derecha tuvieron una lucha por detentar el poder.

Existía una división aparente dentro de las fuerzas armadas y entiendo que un grupo de militares iniciaron las primeras estructuras guerrilleras, con apoyo de países extranjeros interesados en que las ideas de izquierda cobraran fuerza en Guatemala, y recuperaran el poder que habían perdido tras la Liberación.

Es aquí cuando entiendo que se llega a un punto de no retorno, cuando se rompe el diálogo. No es posible llevar a cabo una discusión política civilizada, cuando surgen agrupaciones insurgentes que pretenden, con violencia, llegar al poder. En la forma en que veo lo que sucedió, el Ejército tenía el deber de detener a las organizaciones guerrilleras armadas que se encontraban al margen de la ley. Tenía la obligación de someter a los grupos armados sediciosos con el propósito de mantener la paz, así tuvieran que luchar por ella.

Foto: Archivo/CP

Foto: Archivo/CP

Como era de esperarse, el conflicto entre Ejército y agrupaciones guerrilleras como el Ejército Guerrillero de los Pobres, la Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas, las Fuerzas Armadas Rebeldes, etc., no fue ajeno a la sociedad civil, que también se encontraba luchando entre sí porque triunfara su ideología política. Sé, por lo que me han contado, que pertenecieron a ambos bandos beligerantes un significativo número de civiles que se incorporaban tanto de forma voluntaria como obligada. Y este conflicto incluso trascendió a lo religioso, donde diferentes ministros de culto y comunidades religiosas tomaron partido apoyando a los combatientes.

Guatemala vivió más de treinta años de conflicto armado. Miles de personas perdieron la vida combatiendo por su ideología y un gran número de civiles murió por el infortunio de estar entre ambos grupos. Me parece lamentable el hecho de que las diferencias políticas no hayan podido ser solucionadas mediante el diálogo pacífico. Sin embargo, entiendo la preocupación de los sectores de la sociedad civil y del Ejército, que se alarmaban ante las propuestas políticas de los grupos sediciosos. Comprendo que el Ejército, como protector de la soberanía, estaba obligado a defender a los guatemaltecos de aquellos grupos que ante la frustración de no poder triunfar en el campo ideológico, decidieron tomar las armas.

Foto: Archivo/CP

Foto: Archivo/CP

“Los valientes nos dejaron un legado”

Pilar Figueroa. 16 AÑOS, Estudiante.

Crecí entre historias de mi abuelita acerca del abuelo que nunca conocí y su vida como militar; también, con las historias de la militancia de primos de mi abuelita en una organización guerrillera, la desaparición y muerte de uno de ellos.

Como joven, veo todo eso y me pregunto si sirvió de algo. Si algo cambió en nosotros. Si todas esas injusticias valieron la pena.

En 1961, la realidad histórica del país giraba en torno a la excesiva violencia, abuso a los derechos humanos, militarismo, discriminación, corrupción y desigualdades económicas, sociales y culturales. No gozábamos de libertad de expresión, vivíamos en un país donde el poder era lo más importante.

Foto: Archivo/CP

Foto: Archivo/CP

El pueblo oprimido por los “poderosos” y cansado de la realidad decide revelarse y exigir el respeto a los derechos. Un acto sumamente valiente, digno de orgullo y admiración. Ellos eran ciudadanos comunes, como yo, como mi familia, como mis amigos. Todos dispuestos a sacrificar su vida por una Guatemala diferente, por un futuro con el que un día soñaron. Para ganar hay que perder, y durante 36 años Guatemala perdió recursos, valores y sobretodo, vidas valiosas, vidas de guatemaltecos que podrían cambiar nuestro presente.

Quizá no lograron todos sus objetivos, o los lograron pero no de la mejor manera. Pero sí estoy segura de que toda la tortura, muerte, violación, secuestros, impunidad, intolerancia e injusticia no fue en vano. Si todos ellos no hubieran alzado la voz, no hubieran reaccionado ni cambiado de mentalidad, la Guatemala que conocemos hoy no existiría. Gracias a ellos tenemos derecho de manifestarnos, expresarnos, ejercer un sufragio, y muchas más libertades y derechos que tenemos.

Personas que pensaron en nosotros antes que en ellos mismos, impulsivas, con el mismo amor por su patria y el bienestar de su gente. Esos valientes nos dejaron un legado. Y hoy,  nos queda agradecer y tener la convicción de que nosotros hubiéramos hecho exactamente lo mismo por nuestras familias, nuestra gente, por nuestro país, nuestra Guatemala.

Foto: Archivo/CP

Foto: Archivo/CP

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