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Columnas, Opinión, Phillip Chicola — octubre 9, 2015 at 10:55 am

El escenario de segunda vuelta

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Las elecciones del 25 de octubre plantean variables más complejas para proyectar el comportamiento del votante. Entre ellas, la postura ideológica de los candidatos, su capacidad para atraer el voto de otros partidos, el antivoto y la dicotomía entre experiencia e impericia.

En julio, las encuestas indicaban que la primera vuelta sería una carrera entre tres: Manuel Baldizón, Jimmy Morales y Sandra Torres. En ese entonces, la proyección de escenarios partía de la premisa que Baldizón estaría en el balotaje; mientras que la variable central era quién de los otros dos candidatos estaría en segunda vuelta. Pero la implosión de Baldizón desató el escenario menos probable, y menos analizados de todos: un balotaje entre Morales y Torres.

Este escenario plantea variables más complejas para proyectar el comportamiento del votante.

La primera es el “voto estratégico”. Al eliminar al candidato con mayor antivoto (Baldizón), se reduce el núcleo elector que emite su sufragio por rechazo. Aun así, Torres mantiene un alto antivoto (24 por ciento) que se manifiesta en zonas urbanas y en estratos medios y altos. Morales, por el contrario, presenta un antivoto menor al 10 por ciento. En tal sentido, para el votante citadino, Morales constituye la opción “menos peor” frente a Torres.

La segunda variable es la dicotomía entre experiencia e impericia. El crecimiento de Morales se debió –en gran medida– a que fue percibido como la opción “anti-política” frente al resto de candidatos. No obstante, su desconocimiento de administración pública, la debilidad de su Plan de Gobierno y la falta de cuadros técnicos constituyó su mayor debilidad en foros y debates. En cambio, Torres representa la opción diametralmente opuesta. Frente a la falta de experiencia de Morales, Torres demuestra su conocimiento sistemático del Estado, en gran medida, derivado de su gestión de facto al frente del Consejo de Cohesión Social. Asimismo, frente a la debilidad de la propuesta de Morales, Torres y la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) presentaron el Plan de Gobierno más desarrollado y técnicamente sustentado de la campaña 2015.

Frente a la experiencia de Torres, los recuerdos sobre su pasado como primera dama y los señalamientos contra la UNE, constituyen la mayor fuente de rechazo. Por ello, resulta difícil prever si el votante se decantará por la inexpe- riencia ignara o la experiencia cuestionada.

Una tercera variable es la ideológica. Morales se presenta como un candidato nacionalista y su pensamiento manifiesta una visión conservadora. Si a ello agregamos las vinculaciones de su partido con militares de vieja guardia, resulta sencillo ubicar al candidato de FCN-Nación a la derecha del espectro. Frente a ello, Torres se presenta como una opción socialdemócrata que la ubica al centro-izquierda del espectro. Esta variable tiene más un efecto de campaña negra que de gestación de apoyos. Diversos grupos han iniciado campañas de desprestigio contra una y otra opción, según su posición en el espectro político. La derecha más dura rechaza a Torres y su pasado guerrillero; la izquierda dura rechaza a Morales y su vinculación a militares.

Una cuarta variable, y quizá la más difícil de medir, es la capacidad de los candidatos de atraer el voto de otros partidos. Por un lado, en este bloque hay que mencionar a las estructuras locales de Libertad Democrática Renovada (Lider), Todos y Partido Patriota –que demostraron su capacidad de movilización el pasado 6 de septiembre–. En su mayoría, se refiere a las redes clientelares de alcaldes y políticos locales que, más que nada, buscan asignaciones presupuestarias dentro del Listado Geográfico de Obras, además del apoyo de programas sociales desde el Ejecutivo. En este mundo, Sandra Torres lleva la ventaja: al tener representación en el Congreso, la UNE tiene la capacidad de articular alianzas locales con la gestión de asignaciones en el Presupuesto 2016. Morales, al no tener un partido en el Congreso, no tiene capacidad de negociar “obras por votos”. En cambio, el candidato de FCN-Nación parece más proclive a atraer el voto de partidos con simpatizantes urbanos –tipo Fuerza, CREO-Unionista y Visión y Valores (Viva)–, dado que el perfil de dicho votante tiende a rechazar a Torres por su pasado en la UNE.

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