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Columnas, Opinión, Sara Larios — octubre 23, 2015 at 11:19 am

Ética y política

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La ética en la política debe dejar de ser una utopía y convertirse en una realidad.

Mi sobrina de seis años se postuló por primera vez para ser representante de clase. Después de la elección, regresó a casa emocionada por compartir su experiencia, a pesar de no haber ganado. “Todos votábamos en un papelito,” nos contaba, “yo tuve 4 votos y mi amiga, 5”. Le preguntamos: “Y tú, ¿por quién votaste?”. Rápidamente contestó: “Por mi amiga”. Frente a la risa de todos, al ver que su propio voto le había costado la elección, ella se defendió: “Yo entendí que había que votar por una compañerita.” 

No sé si la pequeña entendió bien las instrucciones o no, pero su actitud me hizo pensar en la relación que debe existir entre la ética y la política. Ella prefirió hacer lo que le pareció correcto, aunque esto significara un voto menos a su favor y, aunque el voto es secreto, nadie se hubiera enterado. El estudio de la política nos enseña que su objetivo último es el poder: cómo obtenerlo y cómo permanecer en él. Muchos pensadores han defendido la postura de que los medios utilizados se justifican sin importar cuán inescrupulosos sean y que para gobernar efectivamente se debe afirmar la posición de autoridad. Pero en medio de nuestra coyuntura actual, surge la necesidad de cuestionar este pensamiento, que puede ser la causa de los altos niveles de corrupción que han llegado a imperar en nuestro país.

Muy bien lo expresó nuestro actual presidente, antes de convertirse en primer mandatario, cuando le preguntaron porqué no pedía él la renuncia de Otto Pérez Molina: “Es que aun la política, tiene su ética”, dijo apaciblemente. La ética política debe ser ese conjunto de principios, valores y normas de acción que rijan el comportamiento del político, no únicamente al gobernar o legislar, sino también al postularse como candidato a un cargo de elección popular.  Esto va más allá de los marcos de la legalidad. Hay acciones que pueden estar permitidas por la ley, pero un candidato o gobernante con ética política debe rehusarse a hacerlas si van en contra de estos principios.

Muy bien lo expresó nuestro actual Presidente, antes de convertirse en Primer Mandatario: “Es que aún la política, tiene su ética”.

No quiero generalizar, pero pareciera que en nuestra actual clase gobernante impera una falta de ética. Estamos frente a una segunda ronda en la que figura una persona que en el pasado no hesitó en tratar de defraudar la ley con el fin de lograr ser candidata a presidente, aun con una clara prohibición constitucional para ello. En primera ronda, vimos a otro candidato que creó un partido satélite con el fin de aumentar indirectamente el monto que podía gastar en su campaña. Constantemente vemos que los diputados se cambian de bancada, sin importar que el elector confió en que votó por ellos como miembros de un partido en específico. Todo esto está dentro de los límites de la ley, pero carece de ética política.

Anteriormente, he mencionado que me parece necesaria una reforma de nuestros valores ciudadanos. Creo que como parte de esto,  debe haber una discusión seria acerca de qué principios conforman esta ética que queremos ver en nuestra clase política. Debemos dejar de pensar que el fin justifica los medios, pues alcanzar un sistema democrático sólido, donde participen personas con valores debe ser más importante que el hecho de ganar en sí mismo. Busquemos cumplir no solo con las reglas del juego, sino con los principios que hacen de cada candidato o funcionario, una persona digna. Algo mucho más valioso que llegar al poder u obtener un resultado a toda costa. En eso están de acuerdo mi sobrina de seis años y el presidente de la república. Ya es hora de que todos lo estemos.

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