Columnas, Opinión, Phillip Chicola — noviembre 19, 2015 at 6:03 pm

Un mapa conceptual de la derecha

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Es importante identificar las diferencias en el pensamiento de derecha.

 

En Guatemala, la Ciencia Política adolece de serias falencias. La primera es la tendencia a rehuir de los modelos teóricos, bajo la falsa concepción que el debate debe buscar recetas prácticas y que las expresiones teóricas no encajan en la realidad guatemalteca. Una segunda falencia es la debilidad del análisis cuantitativo, producto de la ausencia de fuentes confiables de información. Como país tenemos fuentes limitadas de datos que permitan entender el funcionamiento de las instituciones, e investigar con precisión la realidad social y política del país.

Una tercera falencia –más preocupante– es la superficialidad conceptual y la simplificación al momento de elaborar mapas de actores, intereses e ideas. Para muestra, somos incapaces de identificar con precisión las diferentes expresiones del pensamiento político. Sin ir tan lejos, los conceptos de “derecha” e “izquierda”, para calificar los idearios de columnistas, analistas, activistas y grupos de interés, resultan anacrónicos a la luz de la evolución de los mapas ideológicos. Sencillamente, caemos presa de la falacia por generalización: aspirar a agrupar diversas corrientes de pensamiento en un mismo bolsón. Y caemos presa de la descalificación: utilizamos las categorías como etiquetas para desprestigiar a algunos en función de nuestra adscripción particular.

En el caso del pensamiento de “derecha”, la mayor falacia que existe es la creencia que el mismo es monista, y que existe un monopolio de las ideas del libertarianismo.

Por el contrario, solo entre la “derecha” local es fácil identificar dos grandes corrientes filosóficas: el conservadurismo y el liberalismo. Mientras el primero enfatiza la continuidad, el respeto por las instituciones tradicionales y la estabilidad, el segundo es en realidad un movimiento reformador, pues anhela construir un sistema social individualista, donde predominen la libertad, los derechos individuales y la economía de laissez faire frente a la interferencia estatal. Por ello, algunas ramas liberales propugnan un Estado mínimo, mientras los conservadores abogan por un Estado fuerte pero limitado. O veamos las libertades sociales. Mientras el liberalismo rehúye del tradicionalismo religioso, el conservadurismo valora lo tradicional y se opone al aborto o la despenalización de la droga. Por ello, el calificativo de “libertario-conservador” es una contradicción en sí misma.

 

“…la mayor falacia que existe es la creencia que el mismo es monista, y que existe un monopolio de las ideas del libertarianismo”.

 

También existe confusión respecto a las categorías, pues si bien todos los libertarios son liberales, no todos los liberales son libertarios. Veamos al liberalismo social, individualista en su concepción, pero que defiende un Estado benefactor con niveladores sociales para reducir la desigualdad. ¿Nada libertario verdad? Tampoco el ordoliberalismo y la Economía Social de Mercado.

La diversidad también se evidencia entre escuelas y recetas. Por ejemplo, el Monetarismo reconoce la banca central y utiliza la econometría para modelar el comportamiento humano, mientras la Escuela Austriaca propugna la libre moneda y rehúye de modelos. En lo político ocurre lo mismo. Desde el anarquismo objetivista y randiano, pasando por el minarquismo libertario, el republicanismo o la democracia liberal, las recetas sobre formas de gobierno son muy variadas.

Esa diversidad se refleja en la Universidad Francisco Marroquín. Desde sus fundadores y ahora entre autoridades y claustro es posible identificar personajes de pensamiento conservador, otros más republicanos, varios socialcristianos y algunos liberales sociales. No todos son libertarios, como no todos son austriacos. Incluso, aquellos con mayor incidencia pública responden más al monetarismo de Friedman y los Chicago Boys, que a la línea austriaca de Hayek y Mises.

El otro error es equiparar visibilidad con incidencia. Para muestra, ¿qué temas de agenda pública han tenido un marcado componente libertario? O acaso, si fuese válida la premisa que la ideología de las élites es única, ¿no debería ser Guatemala un paraíso libertario?

El esfuerzo anterior no es más que una primera aproximación para identificar, con mayor precisión, las diferentes corrientes del pensamiento ideológico del país. La invitación sería a que algún analista, con mayor conocimiento del pensamiento de izquierda, se anime a hacer lo mismo.

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