Columnas, Fernando Carrera, Opinión — enero 7, 2016 at 11:22 am

Salario mínimo: ¿progreso o pobreza?

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Reflexionemos acerca de la conveniencia de fijar salarios mínimos diferenciados en Guatemala.

Los salarios mínimos fijados por ley o por procesos de negociación entre empleados y empleadores son una conquista importante de los movimientos de trabajadores durante el siglo 20. Actualmente, casi el 90 por ciento de los países del mundo han establecido leyes o reglas de negociación laboral que fijan salarios mínimos.

El propósito central del salario mínimo es garantizar ingresos que permitan que los trabajadores y sus familias vivan dignamente. Los países donde hay leyes de salario mínimo reconocen implícitamente que el mercado es incapaz de fijar ingresos laborales dignos, pues el poder de negociación de los empleados es mucho más débil que el poder de negociación de los empleadores.

Guatemala es, sin duda, un caso paradigmático de cuán débiles son los trabajadores frente a las organizaciones empresariales. Adicionalmente al largo récord histórico de represión
política, los empleados del sector privado siguen enfrentando muchos desafíos para constituir un movimiento fuerte que defienda sus intereses. Si a eso se suman los momentos políticos en los que el Estado hace pesar su balanza a favor de los empresarios –como es el caso del actual presidente Maldonado– queda claro que los trabajadores llevan las de perder en casi toda negociación salarial.

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Digámoslo con claridad: lo que es bueno para los trabajadores, es bueno para Guatemala. Esa frase pareciera ser casi una afrenta a la visión política y mediática dominante en nuestro país, pero afirmar lo contrario es simplemente un absurdo económico y político. Los que están dispuestos a ofrecer su mano de obra a cambio de un salario, constituyen la vasta mayoría de la población guatemalteca. Y por lo tanto, por simple regla de mayoría, la democracia avanza cuando los intereses de los trabajadores son protegidos por el Estado.

Habiendo aclarado ese punto, es bueno también reflexionar sobre el tema de tener varios salarios mínimos en un mismo país. La verdad es que los salarios diferenciados existen en algunos países del mundo, sobre todo si se trata de territorios vastos o con muchas inequidades internas. Los salarios mínimos se diferencian por sector, por provincia o estado, e incluso por municipio. La idea es que el mínimo vital para la reproducción de los trabajadores (el mínimo para que vivan dignamente) puede ser diferente según el lugar donde residen porque el costo de vida es diferente entre esos territorios.

El argumento anterior parece ser la base del decreto sobre salarios mínimos diferenciados emitido por el presidente Maldonado, como parte de su despedida del poder político. La pregunta es si esos salarios diferenciados definen un ingreso mínimo que garantiza una vida digna para los trabajadores en los municipios donde se fijó el salario diferenciado. El hecho de que los salarios mínimos diferenciados se establezcan significativamente por debajo de los salarios mínimos nacionales, da al menos para la suspicacia. Y si los trabajadores tienen debilidad para negociar salarios mínimos a nivel nacional, imaginemos cuán débil es su capacidad de negociación a nivel local.

Una última reflexión de corte económico. Guatemala necesita aprovechar su abundante mano de obra y por eso las industrias intensivas en el empleo de trabajadores siguen siendo un motor económico que debemos estimular. Pero la idea de que esas industrias solo pueden ser competitivas si pagan salarios por debajo del mínimo vital, y si no pagan impuestos, es un argumento absurdo. Estimular empresas que pagan salarios de hambre, y adicionalmente no quieren pagar impuestos, es el camino hacia la miseria y no hacia el progreso. Y ahora observamos los resultados de esas políticas desastrosas: más pobreza. Cada vez más pobreza.

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