Columnas, Opinión, Samuel Pérez-Attías — febrero 25, 2016 at 7:23 am

A propósito de Cayalá: ¿“Si no te gusta no vayas”?

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“Qué lindo Cayalá” decía un niño a su mamá (soltera) que gastó más de lo que gana a la quincena para que el patojo se subiera a un trampolín, a un Tiovivo y se comieran un su heladito de hielo frente a un exuberante gigante bonachón que los observaba vivir lo que significa “ser felices” para unos, un domingo de los 52 que tiene el año, y para otros a diario.

cayalá

Fotografía: Facebook de Paseo Cayalá

Esta semana publiqué un artículo en Plaza Pública sobre Ciudad Cayalá y el poder de la semiótica en su estructura, que refleja un Estado Racista y Discriminador. Algunos comentarios se centraban más en defender el centro comercial que en el fondo del artículo. Ciudad Cayalá en realidad tiene un significado figurativo, es una metáfora arquitectónica que refleja precisamente una realidad común pero aberrante en el país: Islas de lujo en un mar de miseria. Y que conste que Cayalá no es el único ejemplo.

Las fotos aéreas son indignantes. Los ecosistemas que existían allí previamente se aniquilaron para darle paso a estructuras físicas muertas que sostienen a una economía que no distribuye equitativamente, más bien se sirve de la pobreza generalizada para servir a la riqueza concentrada. Es más, en cuanto a riqueza histórica y cultural, el lugar es un área que debiera haber sido protegida por el IDAEH ya que existe allí debajo evidencia de asentamientos precolombinos y estaba lleno de vestigios que hoy desconocemos su paradero. Como dice un respetable amigo, el valor de los vestigios precolombinos está en el contexto donde se encuentran, una vez desenterrado y extraído de su lugar se pierde valiosa información arqueológica. De eso no habla nadie porque son verdades inconvenientes para el interés de quien produce y consume bienes y servicios hoy y ahora. Pero dejemos eso para otra discusión.

Es aberrante, si no insultante, que en un país donde la gente muere de hambre, donde los niños nacen y crecen en condiciones de desnutrición, insalubres, vulnerables y sin acceso a salir de ese círculo de pobreza, exista un despliegue de exuberancia material como Cayalá, que ojalá fuera una seña de prosperidad y evidencia de bienestar humano, ambiental o social generalizado en la población. Aunque no lo es, Cayalá sin embargo cumple algunas funciones de beneficio para cierto grupo capitalino. Cayalá es un espacio relativamente seguro para algunos que por trabajo duro, mérito propio, corrupción o privilegios heredados pueden vivir como vive un ciudadano promedio en “los países desarrollados”. La economía de mercados concentrados, que es la que impera en Guatemala, permite que unos vivan muy bien y otros muy mal en el mismo país. Es lo que da lugar a esas Islas de lujo en un mar de miseria.

Ahora bien, ¿Acaso es la existencia de Cayalá un pecado y debemos odiar a quienes allí se distraen o allí comercian? No, no y no. No es por allí que debemos abordar el asunto ni es por allí que se debe entender lo escrito sobre racismo implícito y discriminación estructural que la ciudad proyecta. De hecho, talvez para muchos sea mejor que en lugar de encerrarse en casa, o dejar de salir con su hijo, Rosita gaste la mitad de su salario para hacer sonreír a su patojo y exponerlo a lo que según lo que la Tele, la radio y el resto de gente dice que es lo “normal” y lo que debe de hacer una persona común y corriente en “Guate”. Al menos exponerlo a una burbuja de libertad artificial distrae.

Es bueno que exista un lugar relativamente seguro para que los niños corran en la grama, caminen en las calles sin miedo a ser atropellados o converjan en familia un domingo cualquiera en un espacio de encuentro social sin encerrarse en un abrumante centro comercial “tradicional”.

Talvez donde sí podríamos abordar el tema es reflexionando y cuestionando lo que vemos. ¿Es posible que todos-as podamos vivir en un país tan “limpio”, tan “seguro”, tan “perfecto” como esa burbuja de 3kms cuadrados de ficción? ¿Es real que una persona llegue a Ciudad Cayalá, pruebe un poco de esa felicidad que vale mucho dinero y luego, al salir de esas murallas blancas, regrese a una realidad monótona, peligrosa, desesperante y deprimente? ¿Es justo que mientras en Cayala se hacen desfiles de moda patrocinadas por marcas de carros ostentosos, en los hospitales públicos muera gente por no haber medicina o una niña de 7 años tenga que lavar carros para ayudar a la economía familiar? ¿Es bueno que en lugar de construir más comunidad reaccionemos indignados: “si no te gusta, no vayas a Cayala”? ¿Es ese el modelo al que le debemos seguir apostando al país o podremos unirnos para construir una sociedad más realista que esos guetos de felicidad artificial?

¿Cómo podríamos empezar a construir una economía, una sociedad, un sistema, es decir, un Estado, que asegure que no haya ni un niño o niña que muera de hambre, que todos tengamos acceso a educación y salud, que todos y todas tengan la libertad de hacer de sus sueños su proyecto de vida y su realidad a partir de un mínimo nivel de desarrollo humano y de acceso a oportunidades? ¿Por dónde empezamos para lograr que no nos maten en el bus para robarnos el producto de nuestro trabajo? ¿Cómo hacemos para no tener que circular con los vidrios oscuros y cerrados aislándonos cada vez mas de nuestro país, de la Guatemala real? Definitivamente, con indicadores que muestran que el poder sigue agrupado, los mercados siguen concentrados, la democracia sigue capturada, la pobreza aumenta y la exclusión se perpetúa, lo que hemos estado haciendo en los últimos años no pinta bien.

¿Qué tal pensar que en lugar de que se gaste tanto en amurallar ciudades ficticias, en comprar armas y pagar guardaespaldas construimos un nuevo sistema más solidario? ¿Un sistema en el que quien gane mucho más pague un poco más impuestos, quienes no ganan tanto tengan un poco más de acceso a oportunidades y que quienes no tienen nada se puedan nivelar en cuanto a un mínimo de herramientas para desarrollarse, todo eso pagado por quienes hoy heredaron casi todo? Y es más, es imperativo que quienes están en el gobierno, en lugar de ajustar su sueldo con mordidas y corrupción para escapar de su corrupta realidad y vivir con miedo pagando el alambre espigado y buscando blindarse, sean más honestos consigo mismos, rindan cuentas con la sociedad, cumplan su mandato y la ley e inviertan el dinero en donde se debe para que en unos años, no muchos, sino todos los guatemaltecos y guatemaltecas podamos caminar en la calle sin tener miedo que quien va al lado de nosotros nos va a asesinar o secuestrar para hacer realidad sus “sueños materiales”.

Al final del día, las personas, en general, no nacen con “ganas de matar”, de robar o ser mareros. Pero tampoco escogieron en qué barrio o lugar geográfico nacer. Tampoco escogieron nacer en un país que les expulsa por ser “diferentes”. No escogieron variables como su color de piel, su clase social ni sus circunstancias externas, como la falta de acceso a oportunidades para insertarse en un Estado que excluye a quienes no cumplen con ciertos criterios construidos socialmente.

Variables y circunstancias que sí podemos cambiar como sociedad, ojo.

No podemos cambiar el color de piel con el que nacemos, pero si podemos cambiar el racismo imperante. No podemos cambiar las preferencias e identidad sexual de una persona pero sí podemos cambiar el machismo, la homofobia y la misoginia. No podemos cambiar la etnia con la que nos identifican nuestros padres pero sí podemos cambiar el modelo de exclusión social que se reproduce constantemente. Pensemos que no vamos a tener calidad de vida, ni paz, ni seguridad, ni desarrollo, ni tranquilidad mientras sigamos aislándonos y olvidándonos de quienes nacieron incluso a 10 minutos de Cayalá con menos acceso a oportunidades que nosotros. Construir un estado de igualdad de oportunidades no significa que los oligopolios imperen, es decir, que la Pepsi regale trofeos, los azucareros fomenten el nacionalismo para mantener sus privilegios, el pollo alumbre el cielo, la cerveza instale un bello árbol navideño o los del laboratorio regalen medicinas… y por favor, tampoco significa que al pagar impuestos directos progresivos todos caigamos en la pobreza o que nos volvamos comunistas. ¡Por favor! Ese discurso debe enterrarse con la guerra fría.

Significa, talvez, que en lugar de comer 3 veces a la semana en “Tre-Fra”, nos “sacrifiquemos” saliendo a comer menos veces; que quienes tienen 2 helicopteros en el hangar que tengan uno…. Que el chalet del puerto no tenga jet-skys parqueados todo el año, o que no tengamos tanto chalet desocupado todo el año. Talvez el sacrificio de pagar más impuestos es que no gastemos en alimentar caballos de pura sangre o que no cambiemos de ropa y zapatos cada 6 meses con prendas que solo usaremos una vez en la vida. Talvez si quien gana mucho más que pague marginalmente más impuestos, quien gane menos pague menos y quien no gane nada reciba lo que necesita para elaborar su proyecto de vida, podamos todos, sin importar donde nacimos, sentirnos orgullosos de haber construido una verdadera Nación, una sin guetos, y de la que podamos decir que es “más bonita” y más realista que Cayalá, porque es de todos y para todos y que lo mejor de todo, fue construida entre todos, por todos y para todos.

¿No cree?

Nota del editor: El texto se editó el jueves 24 de febrero a las 14:14. El autor de la columna indicó en el primer párrafo que había 24 días domingo en el año, el número correcto es 52. El dato fue enmendado. Una disculpa a nuestros lectores. 

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3 Comentarios

  1. Por tiempo no lei todo el articulo, pero me gusto mucho tu perspectiva.

  2. Que buena observacion.Apoyo tu opinion ..adelante con todo!!!!??

  3. Todas las ideas vertidas en este artículo son una invitación a la reflexión profunda de una Guatemala pre-fabricada de papel y cartón carente de estructuras sociales sólidas. Vulnerable y frágil, el estado es incapaz de cumplir con su función primordial de velar por el bienestar de la mayoría, al contrario se ha corrompido y prostituido para complacer y vivir en estado de gracia con los poderosos, hedonista faltos de escrúpulos, moral y humanidad. Viven en un mundo paralelo creyendo que son dioses, inmunes a todo y todos , creyendo que son únicos y que solo ellos tienen derechos. Nosotros somos los peones en su ajedrez, seres desechables con la misión de servirles. Pero lo mas grave de todo esto, es que haya personas que busquen ser como ellos y que aspiran tener sus privilegios sin importar como ,aunque eso signifique cometer los mas atroces actos de injusticia y crueldad en contra de cualquier ser vivo. Prueba de ello son todos aquellos individuos que , seducidos por la avaricia, la codicia y las ansias de poder se corrompen sin importar el daño que con sus acciones puedan causar. Los fantasmas del hambre,la miseria,la injusticia,la marginación y la ignorancia es el legado que hemos heredado generación tras generación porque aquellos que aspiran a un puesto en el gobierno,jamás buscan como servir a sus conciudadanos, sino que se convierten en carroñeros recogiendo los despojos que la oligarquía deja de nuestros recursos, y lo poco que queda, las migajas son para el resto eso significa competir, pelear y luchar a diario para poder llevar una existencia digna, si tienes como hacerlo, pero aquellos menos afortunados sucumben y se convierten en las victimas del sistema, en los números de las estadísticas que a nadie importan y que igual por su misma condición es su destino,su realidad y nada ni nadie la cambia. El egoísmo y el individualismo nos ha dividido siempre. Es urgente un cambio de pensamiento y actitud si queremos cambiar nuestro país,debemos romper paradigmas, exigir nuestros derechos y sacar de la ignorancia , del olvido y de obscuridad a los excluidos y marginados y construir un país con justicia e igualdad para todos.

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