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Columnas, Columnas, Juan Carlos Paiz, Opinión, Política, Tejedores — abril 12, 2016 at 12:48 pm

Entre la jungla y Dinamarca

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Hace tres mil años la tarea más importante en un día común era sobrevivir, la vida en la jungla era ganada con violencia, el poder se centraba en los más fuertes y mejores guerreros, quienes por la fuerza imponían sus reglas y mataban a quienes se opusieran en sus caminos.

Columna

 

Desde esa época, las sociedades del mundo han avanzado a diferentes ritmos y algunas han llegado más lejos que otras para alcanzar el bien común, como los países del norte de Europa. Mencionar a Dinamarca como un lugar donde el bien común reina mejor que en el resto de países es debatible, pero si no es el mejor, está muy cerca de serlo.

La clave de Dinamarca para mejorar, está en la confianza. Entre más confían los ciudadanos en sus instituciones, en las reglas y en otras personas, mayores y mejores, son las inversiones, las especializaciones, la justicia, las recaudaciones de impuestos y los negocios.

¿Dónde está Guatemala entre la jungla y Dinamarca? Se puede decir que la desconfianza reina entre los ciudadanos y sus instituciones, la cultura de la fuerza se vive mucho en el interior como forma de supervivencia, y en general existen pocas instituciones en las que se puede confiar, esto las hace débiles. O se puede decir que mejora poco a poco, que la educación y salud avanzan lentamente, que el Estado se fortalece y la ciudadanía también? Independientemente, hace falta reflexionar sobre quién avanza en una dirección o la otra.

 

Para acercar esta sociedad a Dinamarca, hay que promover acciones para que el bien común siempre esté por encima del bien personal o gremial. Estar dispuesto a confiar y defender el honor de las instituciones por encima de las personas que ocupan sus cargos.Si usted quiere ser alguien que nos acerque a la jungla, puede escoger una de las dos posiciones mencionadas.

Si decide hacer jungla, buscará vivir en una colonia con seguridad, defender solo sus intereses, levantar paredes, pelear solo por su Estado de derecho. Puede dedicarse a hacer dinero sin moral, justificando corrupción por el hecho de que los Gobiernos son corruptos y debemos adaptarnos a eso. Puede dedicarse a creer que el individuo debe ser libre y mejor si no existen instituciones fuertes para que regulen los mercados y también puede dejar que se violen los derechos de algunos mientras usted pueda defenderse.

La otra forma de acercarse a la jungla, es viviendo en el resentimiento y la victimización, buscando quién tiene la culpa de todo y contando teorías de la conspiración con un discurso antiguo de conflicto. Justificando que no soy privilegiado porque los que lo son abusan de mí, así como satanizando la generación de riqueza donde ser rico es malo. Atacando al Estado porque no funciona, pero persiguiendo una plaza protegida por el presupuesto del país y poder vivir dignamente con ingresos que defienden los sindicatos del Estado sin importar si las instituciones a las que pertenecen llegan a cumplir sus objetivos. Estas personas buscan poder con las leyes y controlando las instituciones con amigos o personas que piensen como ellos, para calmar ese resentimiento sin importar que el sistema sea débil y no permita la confianza del ciudadano.

Para acercar esta sociedad a Dinamarca, hay que promover acciones para que el bien común siempre esté por encima del bien personal o gremial. Estar dispuesto a confiar y defender el honor de las instituciones por encima de las personas que ocupan sus cargos. La justicia debe estar al servicio de todos los ciudadanos sin importar si tienen para pagarla. Generar riqueza, buscando ideas y empresas nuevas que generen empleo. Fortalecer el poder de la gente ante el Gobierno, creer que somos capaces de superar cualquier desafío que se nos presente como sociedad. Convencernos de que Guatemala puede jugar un papel en el mundo y que somos dignos de habitar el planeta porque algo aportamos.

Guatemala, sin duda, se aleja lentamente de la jungla, a veces cuesta verlo por la cantidad de energía que le damos al conflicto y la confrontación, pero se aleja. Es importante no quedar satisfechos con los avances, especialmente porque podríamos ir más rápido, pero tampoco creer que somos un Estado fallido, somos una gran nación, pero lejos de sus metas de reducción de pobreza y de salud. La responsabilidad de salir de la jungla comienza al darles su lugar a las mujeres en todos los campos, a los pueblos indígenas, al espíritu emprendedor y al recuperar la confianza en las instituciones públicas y privadas basándolas en principios y no en intereses personales.

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