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Columnas, Cristhians Castillo, Opinión — abril 16, 2016 at 9:00 am

Juntos y revueltos

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Una de las justificaciones para el transfuguismo, era que el partido podía ser camisa de fuerza si mutaban los intereses de este en relación con sus “representados”. 

(Foto: Archivo CP)

(Foto: Archivo CP)

Se terminó el jolgorio de cambiarse de bancada como cambiarse de convicciones ideológicas, dependiendo del tamaño de los incentivos. Con base en las reformas al Régimen Interno del Legislativo, Decreto 14-2016, ya no será posible transfugarse a menos que se esté dispuesto a asumir las limitaciones que implica el hecho: no podrán ser miembros de Junta Directiva, no podrán presidir comisiones de trabajo, ni ejercer cargo alguno en representación del Congreso.

No obstante, las sanciones que implicará a partir de ahora ser un transpolítico, es seguro que será un martirio mantenerse dentro de las bancadas que quedaron petrificadas. Por lo menos, hasta el momento en el que su búsqueda por la reelección los lleve a saltar hacia el partido que les ofrezca las primeras posiciones en los listados para las elecciones del 2019, siempre y cuando, no se logre una reforma electoral efectiva.

Se puede anticipar que la olla de grillos más tormentosa será la del Frente de Convergencia Nacional (FCN-Nación), que se constituye en la mayoritaria con 36 diputados y que está pasando –gracias a Giordano– por su mayor escándalo, luego de que le intentaran quitar el derecho de antejuicio al diputado Ovalle por sus vinculaciones con el Caso CREOMPAZ.  Lograron 11 curules en urnas y ni siquiera entre los electos había homogeneidad, pues hubo disputa por la jefatura de bloque entre Ovalle y Hernández; 25 son los advenedizos, dicho sea de paso, mayoría en cualquier votación interna, destacando varias firmitas entre las que ya está reluciendo Giordano y quien, junto con su interlocutor, parece que tiene enemigos que les filtraron su bromita. Teniendo que estar juntos y revueltos por lo que resta de la octava legislatura, no me alcanza la imaginación para valorar la tensión a la que estarán sometidos los “oficialistas”, sin liderazgo nacional, pues no ven al presidente como tal y sin un claro proyecto político futuro.

Otra vacada interesante a analizar, es la que alberga a todos los de mano dura, cabeza y corazón naranja, que ahora se visten de azul y rojo, cobijándose en un partido que no alcanzó una sola curul en las urnas, pero que gracias al éxodo político, hoy es la tercera fuerza legislativa y, al parecer, ya tienen identificado a su posible candidato presidencial para el 2019, el de los negocios con la constructora brasileña OAS.

En quinto lugar encontramos los resabios de Libertad Democrática Renovada (Lider), que antes de tomar posesión ya se había dividido en la desaparecida bancada PRO, la bancada Alianza Ciudadana, que sigue viva con 13 diputados, y los 5 leales a Manuel Antonio que siguen siendo colorados. No hay que descartar que el hombre de los lentes al estilo Clark Kent haya abandonado su sueño de “le toca”.

Por su parte, la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) recibió algunos hijos pródigos que regresaron de diversas aventuras electorales y que son la bancada que representa una opción que podría mantenerse en competencia por la Presidencia.

Luego, viene todo el retazo de votos que para unirlos a favor del país, primero habría que superar las divergencias ideológicas que los distancian.

Lo que viene a continuación es una dinámica legislativa en la que se enfrentarán intereses de candidaturas presidenciales cantadas, que usarán la agenda legislativa para sumar adeptos, granjearse financistas y cosechar popularidad para el 2019. Las prioridades legislativas se hacen difusas y pareciera que no van a ser determinadas en la negociación de intereses de actores nacionales, sino que tendrán prioridad otras dinámicas.

Las mezcolanzas que quedan congeladas a partir de ahora, son un caldo de cultivo para que la confrontación política ni siquiera sea entre bancadas, sino a lo interno de estas. ¡Qué duro quedar juntos!, pero peor aún, revueltos.

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