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Columnas, Jonathan Menkos, Opinión — mayo 27, 2016 at 9:03 pm

De parias a democráticos

por
AFP PHOTO / Marvin RECINOS

AFP PHOTO / Marvin RECINOS

Los Estados parias son el camino para la corrupción, el crimen organizado y la imposibilidad de una democracia que se convierta en bienestar para todos.

Caminar por Centroamérica es darse una ducha de agua muy fría. La violencia generalizada en Guatemala, El Salvador y Honduras ha hecho que la mayoría de los ciudadanos perciba que está en una guerra. A ello se suma la falta de empleo, los míseros salarios y una administración pública sin capacidad suficiente  –financiera, material y humana– para mejorar la cobertura y la calidad de servicios tan básicos como la seguridad, la justicia, la salud o la educación. Tanto en Honduras como en Guatemala, la criminalización de los defensores de derechos humanos y la utilización exagerada del Ejército en tareas que no le competen, generan más incertidumbre.

En Nicaragua, el discurso gubernamental y empresarial es muy social. Pero, en la práctica, las poblaciones rurales carecen de los bienes públicos más básicos como el agua potable, sin hablar de la prácticamente arrasada oposición política o división de poderes. Por su parte, en Costa Rica hay una desesperación ciudadana también relacionada con el empleo y los insuficientes salarios en una sociedad que cada vez reparte menos equitativamente sus frutos, y en la que es notorio el deterioro de bienes tales como la seguridad social. En Panamá, la economía creció 154 por ciento en los últimos 15 años. Sin embargo, muchos hogares asediados por el crimen organizado, los estigmas y la pobreza continúan esperando que la teoría del derrame económico sea cierta.

En realidad, los Estados centroamericanos, con diferentes intensidades, son al final de cuentas parias en el mundo actual. Son Estados constituidos con limitantes: pueden llevar adelante procesos electorales, pero no pueden potenciar partidos políticos independientes y sin necesidad de financiamiento privado; pueden producir bienes y servicios públicos (educación, salud, justicia, seguridad, infraestructura), pero sin cobertura universal y de baja calidad. Pueden endeudarse con la banca, pero no pueden imponer una agenda tributaria justa y suficiente para financiarse mejor. Los Estados parias de Centroamérica, deben ceder ante la gula que les exige más privilegios fiscales y poder de monopolio, pero no pueden hacer política social porque eso es populismo.

El cuerpo neoliberal de los Estados centroamericanos actuales –con limitadas posibilidades de acción e independencia– es fruto de más de 25 años de cirugías que van desde la dolarización (El Salvador) o la nulidad de la política monetaria y de los bancos centrales, la privatización de todo lo estratégico, el deterioro de la seguridad social, directorios públicos en manos privadas, contralorías de cuentas débiles, y dignatarios y funcionarios que operan para los intereses de gremios particulares. Esos Estados parias están siendo el camino llano para la corrupción, el crimen organizado y la imposibilidad de una democracia que se transforme en bienestar para todos.

Sin embargo, algo está cambiando en Centroamérica. Muchos ciudadanos están participando más en la discusión de lo que falta para tener Estados democráticos. Por ejemplo, en Guatemala, una escuela de ciudadanos y una maestría en política fiscal para el desarrollo, a la que se suma protesta y propuesta ciudadana. En El Salvador, un Gobierno que está dispuesto a escuchar las cosas que debe mejorar, junto a estudiantes que se están organizando para la acción. En Honduras, movimientos sociales que reclaman tozudamente por justicia a pesar de la represión. En Nicaragua y Costa Rica, ciudadanos e intelectuales que buscan ser parte del cambio. Y en Panamá, adolescentes segregados que crean obras de teatro para la denuncia y el cambio social.

En todo caso, y siendo optimista, los Estados paria de Centroamérica son un fenómeno histórico, con principio y final, con adeptos en la gran mayoría de las élites económicas y políticas actuales, pero con una nueva comunidad de ciudadanos que, con ahínco, podrán llegar a delinear un horizonte con reformas económicas, sociales y políticas que modernicen y democraticen esta región. ¡Qué así sea!

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