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Opinión, Sara Larios — junio 1, 2016 at 4:26 pm

Independencia Judicial

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(Foto: Dafne Pérez - CP)

(Foto: Dafne Pérez – CP)

Tras el reciente desmantelamiento de muchos casos de corrupción, el debate de una reforma constitucional se ha abierto con seriedad. La propuesta de reforma se dirige a buscar mecanismos para asegurar mayor transparencia y probidad en todas las áreas que componen el aparato estatal. Esto incluye, acertadamente, al poder judicial. Si pretendemos fortalecer nuestro Estado de derecho, asegurar la independencia judicial es un imperativo. Pero para llegar a ese objetivo es necesario discutir, ¿a qué nos referimos al hablar de “independencia judicial”?

Un juez debe ser independiente de varios agentes, en el ejercicio de su función: debe ser independiente de la interferencia gubernamental, independiente de intereses privados, independiente de la opinión pública y de los medios de comunicación. Todo esto se refiere a una independencia externa o institucional, que las reformas buscan tratar con algunos cambios clave. Sin embargo, la independencia judicial tiene otra cara que es, a mi parecer, de mayor importancia: la independencia interna o de carácter moral.

Los jueces deben ser independientes, por convicción personal. Esto suena idealista y quizá sea por eso que no es parte de la discusión; pero creo que es igual de importante presentar cambios tendientes a lograr que esa imparcialidad que buscamos asegurar a través de garantías externas, esté arraigada en el carácter de cada profesional que busque ostentar una judicatura. Si nos esforzamos por cultivar una cultura de imparcialidad como algo no únicamente deseable, sino natural en quien desempeña una labor de juzgador, poco importará que el sistema externo tenga ciertas falencias.

¿Qué cambios puede hacerse para lograr esto? Para empezar, las escuelas y colegios deben informar a los niños desde pequeños, con métodos didácticos apropiados a su edad, acerca de la importancia del sistema de justicia. Las clases de educación cívica deben ganar importancia, y debe hacerse énfasis en la importancia de la imparcialidad del juez. Los niños son capaces de entender cuestiones complejas, desde temprana edad y en el proceso de desarrollo, pueden absorber y cementar valores de honestidad y probidad.

Las facultades de Derecho deben hacer más énfasis en la ética profesional y en los valores que debe reunir, especialmente, el abogado que decide seguir una carrera judicial.

En la medida de lo posible, también deben hacerse campañas informativas sobre la labor de los jueces y magistrados, con el fin de acercar al ciudadano al poder judicial. Hay que informar y empoderar al ciudadano común, para que ejerza presión sobre los jueces de ser imparciales.

Stephen Breyer, magistrado de la Corte Suprema de Estados Unidos, al hablar de la independencia judicial ha expresado: “Tenemos garantías en nuestra Constitución, como la inamovilidad de los jueces, salvo mala conducta, o que su salario no pueda ser disminuido, salvo el efecto de la inflación. Estas garantías ayudan. (…) Pero estas garantías están lejos de ser suficiente. Los hábitos y costumbres, no solo de los jueces, sino de todas las personas del país ayudan, también. La gente tiene la EXPECTATIVA de que los jueces decidirán imparcialmente. Los jueces, entonces, tratan de llenar esta expectativa. Por eso digo que la gente ordinaria, y no solo los juristas, debe entender el valor de un Estado de derecho, el cual incluye la independencia judicial”.

El papel de los ciudadanos para garantizar esta independencia judicial, que tanto anhelamos, es fundamental –sobre todo la independencia interna o moral–. ¡Asumamos cada uno nuestra responsabilidad, si realmente queremos ver un cambio!

 

 

 

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