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Columnas, Miguel González Moraga, Opinión — junio 17, 2016 at 9:00 pm

Periodismo, conflictos de interés y autorregulación

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Detrás de cada medio informativo, de cada periodista, de cada noticia siempre existen intereses: opacar o evidenciar alguna situación, señalar o exculpar a alguien, limitar o promover derechos, por ejemplo. Quienes dirigen un medio y los periodistas a su cargo tienen formas de representar lo que perciben que les podría interesar a las audiencias, y así seleccionan, descartan o promueven temas y narrativas.

Foto: Archivo/Contrapoder

Foto: Archivo/Contrapoder

¿Existe la objetividad periodística? Me incluyo entre quienes sostienen que no, pues el periodismo es una actividad ejercida por personas con determinadas visiones del mundo, de su entorno. Lo que producimos quienes nos dedicamos al periodismo tiene carga subjetiva, desde la selección del tema, las fuentes a consultar y el hilo del relato, hasta el espacio o tiempo en que será divulgado. Por lo tanto, tampoco existe la neutralidad en el periodismo.

Todos los días lidiamos con intereses que nos provocan conflictos o dilemas éticos y permanentemente caminamos en una línea muy fina que nos exige mucho balance, pues cuando se pierde se nota. El periodismo es un “oficio de equilibristas”, como lo definió Germán Rey, en su tiempo defensor del lector en el diario colombiano El Tiempo.

¿Cómo actuar para reducir los conflictos o dilemas éticos? No hay una sola fórmula, pero no hay que dejar todo al “buen juicio”, un concepto bastante elástico. Lo más conveniente es que los medios cuenten con manuales de redacción o decálogos periodísticos de conocimiento público, especies de puertas abiertas para que las audiencias sepan cómo se seleccionan y producen las piezas periodísticas.

ContraPoder nunca hizo eco de las sospechas de actos ilícitos de Archila porque lo consideró un conflicto de interés. Pero eso le ha generado una gran cantidad de críticas.

Esos son mecanismos de autorregulación, contratos con quienes leen, ven o escuchan los hechos que procesamos y que se convierten en instrumentos para impulsar la transparencia y la vigilancia de los medios informativos.

La reflexión viene a cuenta por la orden de captura contra Érick Archila –accionista principal y presidente del Grupo A (del cual forma parte ContraPoder) desde su fundación y hasta el 11 de junio de 2016– derivada de hechos ocurridos mientras se desempeñó como ministro de Energía y Minas en el gobierno de Otto Pérez Molina.

Durante dos años de su gestión y 13 meses posterior a su renuncia, ContraPoder nunca hizo eco de las sospechas de actos ilícitos de Archila. En su momento, el director y miembros de la redacción dijeron que no lo cuestionarían “por conflictos de interés”. Eso no incluyó al resto del gabinete de Pérez Molina y produjo decenas de rigurosas y sólidas piezas periodísticas que documentaron el latrocinio que lo tiene encarcelado.

Aunque lo segundo fue un acierto, lo primero no y ha generado una gran cantidad de críticas hacia el semanario, muchas bien fundamentadas de lectores que se consideran traicionados y que juzgan al todo por la parte.

Es obvio que la credibilidad de ContraPoder ha resultado abollada, pero el equipo editorial tiene la capacidad de recuperarse y demostrar por qué se ha convertido en un referente del periodismo nacional.

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