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Columnas, Opinión, Pedro Cruz, Tejedores — junio 24, 2016 at 2:55 pm

Guatemala, el milagro de Latinoamérica

por
La plaza

“Guatemala es el milagro de Latinoamérica, su renovación política y ciudadana ha hecho de Guatemala un país envidiable”, así se expresó Sergio Castaños durante el IV Foro Regional Juventud y Democracia; que se realizó la semana pasada en República Dominicana. Este evento fue organizado por la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia. Estas palabras, naturalmente, nos llenaron de orgullo a todos los guatemaltecos presentes, y nos remitieron a todos aquellos chapines que participaron activamente en ese inolvidable despertar ciudadano del año 2015.

En este evento tuve la oportunidad de participar haciendo una pequeña presentación sobre la transformación que experimentó nuestro país el año pasado y los cambios que se siguen impulsando para que nuestra democracia se fortalezca y crezca. Resalté, por supuesto, el gran trabajo que ha desarrollado el Ministerio Público (MP) y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). De igual forma, destaqué el imprescindible papel que la ciudadanía hizo y está haciendo en varios aspectos: vigilancia a la clase política, participación ciudadana y el esfuerzo diario por ser, cada uno, personas incorruptibles.

Es este último aspecto el que verdaderamente puede no solo rescatar Guatemala, sino evitar que pequeños grupos vuelvan a secuestrar los recursos del Estado. Si todos los guatemaltecos cabales y trabajadores apostamos por una revolución o cruzada por rescatar valores esenciales y universales; estoy seguro de que Guatemala seguirá siendo por mucho tiempo el “milagro de Latinoamérica”.

Y es que para luchar contra la corrupción, se necesitan acciones a pequeña y gran escala. Las de gran escala quizá no nos corresponderán a todos los ciudadanos, sino más bien debemos respaldar a nuestras instituciones, léase al MP, al Organismo Judicial y a todos aquellos funcionarios que se comprometen increíblemente para construir un país diferente.

Sin embargo, sabemos que muchas veces son las pequeñas acciones las que hacen la diferencia. Y, ¿cuáles pueden ser estas? Regresemos a los valores. La honestidad, la transparencia y la humildad son axiomas vitales que debemos sembrar en nuestra propia vida y en la de las nuevas generaciones. Es necesario que seamos tajantes en cuanto a vivir estos valores con plena coherencia. Subrayo esto porque en la actualidad, son muchas las corrientes que afirman que los valores están tan fragmentados que no es posible pensar en una verdad sobre ellos. Es decir, que el relativismo ha invadido también el ámbito axiológico. Esto es lamentable, pues si todo es relativo, entonces no sería lógico vivir y comunicar los valores, así como no sería lógico decir que alguien no actuó de forma correcta; porque algo puede ser honesto para uno y deshonesto para otro. O algo puede ser ético para uno y no serlo para alguien más.

Debemos apostar por la ética absoluta. Este es el primer paso para luchar contra la corrupción de una forma frontal, desde el lugar que cada uno ocupamos. La ética no es negociable, no es relativa y debemos procurar vivirla todos sin importar nuestra ideología, cultura y posición.

 

 

 

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