Columnas, Opinión, Tejedores, Tulio García — julio 15, 2016 at 11:57 am

La hoja de ruta agrícola

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Economia

Si a los eventos mundiales que desaceleran la economía en general le agregamos los factores locales, la situación debería de preocuparnos más y no sólo verlo como un evento pasajero.   El comportamiento económico refleja una disminución marcada en el ritmo de crecimiento: 5% en el primer trimestre del 2015 a 2.8% en los primeros 3 meses de este año representa un dato que comparado con el crecimiento demográfico, en términos prácticos nos coloca en una situación cercana a cero de crecimiento real.

Las consecuencias de lo anterior podrían afectar de manera severa al país especialmente en el empleo, generando más pobreza y con ello más problemas sociales. Partiendo de lo anterior como un hecho real, deberíamos ocuparnos por plantear estrategias y acciones concretas que contribuyan a revertir las cifras.

Aunque para muchos la estrategia para incrementar el PIB per cápita es impulsando la urbanización del país generando empleos en el sector servicios, banca, industria, comercio, turismo, etc., es evidente que para el caso de Guatemala, antes de que eso ocurra posiblemente pasen 2 generaciones y mientras tanto qué hacer con la población rural.

Es necesario reconocer que la agricultura siendo el rubro que ocupa a la mayoría de la población rural, debe evolucionar de manera acelerada para lograr los niveles de productividad y competitividad que requiere para ofrecer plazas de trabajo formales y bien remuneradas.

Poniendo como referencia a México, es innegable el desarrollo que ha alcanzado, ejemplo el cultivo de aguacate, del que sólo el Estado de Michoacán produce más de 1,150,000 toneladas en un área estimada en 115,000 hectáreas, sin contar una lista extensa de otros cultivos en los que las inversiones y la tecnología de ultima generación están haciendo que no solo satisfagan la demanda interna sino también tengan un fuerte posicionamiento en el mercado mundial.

Claro que son muchos los factores que propician un buen desempeño agrícola: excelentes carreteras, aeropuertos funcionales en muchas ciudades, infraestructura productiva, tipo de cambio que promueve la exportación, mano de obra calificada y bien remunerada, fletes competitivos, inversiones y claro la gran ventaja de tener miles de kilómetros de frontera con el mercado más grande del mundo, Estados Unidos, además del apoyo del gobierno a la instalación y crecimiento de nuevos emprendimientos mediante subsidios a la inversión en construcciones, equipo, maquinaria o mediante devoluciones relativamente rápidas del IVA para apoyar la capitalización de las empresas.

En nuestro caso, urge actualizar tecnología agrícola, pasar de convencional a orgánicos, agricultura protegida, tecnología hidropónica, diversificación de la producción y los mercados, además de educar y capacitar al recurso humano, mejorar la red vial, aeropuertos con condiciones optimas, puertos agiles y competitivos, inversiones en riego; estas son acciones que no pueden esperar.

Definir la hoja de ruta que provoque el impacto positivo que se requiere no es difícil, lo complicado estriba en reunir los elementos que permitan llevarla a cabo, llámese formulación de proyectos factibles, asignación de recursos por parte del Estado, interés de la iniciativa privada, certeza jurídica y manejo sustentable de los recursos naturales, entre otros. Lo que es un hecho es que la oportunidad de reconversión de nuestra agricultura es factible y si otros países lo están logrando con tan buenos resultados porqué esperar.

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