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justicia, Nacionales, Seguridad — julio 18, 2016 at 1:07 pm

Byron Lima Oliva: el patrón y sus funcionarios

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El capitán Byron Lima fue asesinado este lunes 18 de julio en la Granja modelo de rehabilitación Pavón donde no se sentía seguro. Por mucho tiempo luchó para no salir de Pavoncito donde era el amo y señor.

A partir de enero 2012, las cárceles funcionaron bajo las órdenes de una planilla elaborada por un recluso: Byron Lima Oliva quien, desde su celda, colocó a 36 personas allegadas a él en los puestos clave de la administración presidiaria y así comandó las cárceles del país. Esos nombramientos no fueron casualidad: correspondieron a la relación de confianza que el convicto sostuvo con el ministro de Gobernación, Mauricio López Bonilla. ¿De qué otra manera iba un reo a tener las llaves de las todas las prisiones?

Byron Lima en audiencia suspendida, en noviembre de 2015. Foto: Dafne Pérez/CP

Byron Lima en audiencia suspendida, en noviembre de 2015. Foto: Dafne Pérez/CP

Presidios: la agencia de empleo de Byron Lima. Una nota publicada en la edición 79 del impreso, el 14 de noviembre de 2014.

Las directrices y políticas del Sistema Penitenciario (SP) estuvieron casi tres años bajo el comando de un convicto. La historia parece de un libro de ficción, pero es real: Byron Miguel Lima Oliva, el capitán condenado a 20 años de prisión como coautor del crimen de monseñor Juan Gerardi, escribió desde su computadora en el centro penal Pavoncito, quiénes debían dirigir las prisiones del país.

En noviembre de 2011, el prisionero elaboró una lista de 65 personas a quienes sugirió para posiciones específicas en las direcciones administrativas y operativas del SP. Y, desde su correo electrónico, envió el documento a Mauricio López Bonilla, entonces jefe de campaña del Partido Patriota (PP).

Los deseos de Lima Oliva fueron órdenes cumplidas. Las planillas de la Unidad de Administración Financiera (UDAF) del Ministerio de Gobernación muestran que más del 50 por ciento de sus recomendados fueron contratados durante el primer trimestre de 2012, justo después de que López Bonilla asumió como ministro de Gobernación.

La comisión internacional puso fin al imperio de negocios y abusos del capitán Lima Oliva en las prisiones. Y ahora el militar encabeza la porra que se opone a la permanencia de dicha misión en el país.

En marzo de 2012, los recomendados del prisionero estaban alineados en sus posiciones: tanto el director y el subdirector del SP como los mandos medios que dirigían las operaciones en las cárceles del país.

Las autoridades penitenciarias lo llamaban “Jefe” o “Capi” y le consultaban antes de tomar decisiones. La compleja red comenzó a develarse después de la captura de Lima Oliva un viernes de febrero de 2013, la noche en que fue arrestado a pocos metros del penal donde cumplía condena cuando retornaba de una jornada en la calle.

A raíz de ese operativo, la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) decomisó tres celulares que Lima Oliva portaba consigo y uno más que llevaba Édgar Rolando Hernández Franco, jefe de Requisas y Traslados del SP, capturado junto con el capitán. Los aparatos eran una mina de información: revelaban los vínculos de Lima Oliva con los jefes del SP.

¿Por qué López Bonilla dejó las cárceles en manos de un convicto? Aunque el ministro declinó la solicitud de entrevista para tratar el tema de esta nota, sus explicaciones quedaron registradas en medios de comunicación en septiembre pasado, durante la crisis que desató la acusación de CICIG contra Lima Oliva por urdir una estructura criminal que convirtió el traslado de prisioneros en un negocio (se le acusa de cobrar US$6 mil por reo transferido).

Las acusaciones de CICIG alcanzaron al director del SP –Édgar Camargo, ahora acusado de actuar en connivencia en los negocios del recluso– y, ante el escándalo, el ministro López Bonilla admitió que sí, que Camargo llegó a ese puesto porque el propio Lima Oliva lo sugirió.

El ministro aceptó, además, que tomó en cuenta otras recomendaciones del prisionero porque pretendía seguir el modelo dominicano donde los reos colaboran en reconstruir las cárceles, pero cuando notó que el recluso se había apoderado de los penales, López Bonilla admitió su candidez. “Fue un acto de buena fe, si usted quiere de ingenuidad (…) Quise sentar las bases de que podíamos trabajar con los privados de libertad”, explicó a Diario Digital.

No existen más aclaraciones de parte de López Bonilla. Karla Herrera, exdirectora de comunicación del funcionario, respondió que el ministro no
hablará más del tema.

Su silencio, sin embargo, es apenas la superficie de una extensa y corrupta historia.

Los peones del reo

Lima Oliva sabía a quiénes de sus allegados quería y para qué posiciones en el SP. Y preparó todo con la concentración y la estrategia que exige un partida de ajedrez. No logró que sus 65 recomendados fueran contratados, pero colocó a 36 personas en puestos estratégicos.

ContraPoder tuvo acceso al correo que López Bonilla recibió dos meses antes de asumir como ministro de Gobernación. La noche del
16 de noviembre de 2011, Lima Oliva envió un mensaje al buzón jefedecampanapp@gmail.com, la cuenta que López Bonilla usó durante la campaña electoral de 2011. “Puestos idóneos”, dice el asunto y el texto sigue así: “Don Damián aquí le mando el listado de personas idóneas para ocupar los puestos más importantes dentro de la Dirección General del Sistema Penitenciario que son la base de una gestión óptima propia de su futura actividad como ministro de Gobernación”. (Damián fue el nombre de guerra de López Bonilla durante la operación Xibalbá, en los años ochenta. Una leyenda en la historia militar del país, pues el ministro se infiltró con éxito en un campamento guerrillero. Fue condecorado por su hazaña).

Chat BlackberryEn septiembre pasado, durante las audiencias contra Lima Oliva a raíz de la acusación por formar una estructura criminal en las cárceles, el capitán blandió la impresión de este correo frente a cámaras de prensa para mostrar que ministro y prisionero estaban comunicados. La imagen era apenas la cara del correo. A dicho mensaje se adjuntó un documento de Word, de 19 páginas, que contiene los perfiles de los candidatos que debían dirigir el SP: incluyó nombres, cargos a ocupar, estudios realizados, experiencia laboral, condecoraciones, felicitaciones, teléfonos y correos electrónicos de cada uno.

En enero de 2012, Lima Oliva reenvió la información que incluía su propuesta de organigrama y agregó: “En el caso del director y subdirector general para trabajar coordinadamente y frenar la delincuencia común y el crimen organizado manejado desde las prisiones. Considero que los dos primeros nombres son el perfil idóneo”.

No es necesario leer la respuesta que dio López Bonilla a dicho correo. A finales de enero 2012 esos “dos primeros nombres” del listado coronaban el SP: Luis Alberto González Pérez como director general y Nicolás García Fuentes, como subdirector. Este último mantuvo el cargo que ocupaba desde el gobierno de Álvaro Colom, un hecho inusual en la cultura de borrón y planilla nueva en cada cambio de administración.

Un año después, en febrero 2013, ambos saldrían de la institución a causa de la captura de Lima Oliva cuando retornaba a la prisión después de sus paseos en la calle. Ese hecho reveló que el prisionero, bajo la custodia de sus dos recomendados, salía con tal libertad a la calle, que historias de historias corren ahora sobre este asunto.

En el Ministerio de Gobernación se cuenta, por ejemplo, que cuando López Bonilla preguntó a la Dirección de Inteligencia Civil (Digici) cuál era la debilidad de Lima Oliva, el director le respondió: “Salir. Sale mucho a la calle”. Un abogado, allegado a las investigaciones del crimen del obispo Gerardi, cuenta que cierta mañana, mientras caminaba en una avenida de la zona 2, un sujeto lo saludó desde un vehículo deportivo y descapotado. “Me costó creer lo que veía,” denunció, “porque pensé que yo estaba confundido, pero era Lima Oliva. Hasta se reía como burlándose de mí”.

La captura de ese viernes, cuando volvía a Pavoncito, destapó una caja de olores putrefactos dentro del SP: solo en febrero de 2013 el capitán había gestionado más de 100 permisos para dejar la prisión. Lima Oliva vociferó que en 2012 había salido 37 veces y que, para él, salir no era inusitado. ¿Quién aprobaba esas salidas? y ¿cómo era posible que un convicto, clasificado como peligroso, paseara en su auto convertible por la ciudad? Los funcionarios de su lista de recomendados firmaban esos permisos: director y subdirector fueron destituidos, pero no hubo procesos administrativos ni judiciales para dirimir su responsabilidad. Edy Fisher Arbizú, compañero suyo de promoción, contratado a raíz de esa lista en la subdirección de Operaciones, calzó su nombre en la autorización para el ingreso de los carros particulares que movilizaron al capitán. El hecho, no obstante, no le costó el puesto y, en cambio, fue ascendido de inmediato a subdirector general.

El resto de recomendados del convicto llegaron a cargos distintos: unos como asesores, otros, como personal temporal. Las planillas de empleados de la UDAF del Ministerio de Gobernación de 2012, 2013 y 2014 evidencian la distribución de cada pieza.

Los peones del capitán se alineaban en posiciones estratégicas. Primero, en Operaciones, a cargo de las requisas y traslados de prisioneros (uno de los negocios descubiertos), colocó a sus dos excompañeros de promoción militar, Néstor Rainier García Contreras y Edy Fisher Arbizú.

Segundo, coronó la subdirección de Análisis de Información Penitenciaria, unidad a cargo de recopilar inteligencia en las cárceles, elaborar los perfiles criminales de los reclusos, recomendar cambios de centro para los reos y alertar sobre anormalidades. Allí colocó como jefe a Jesús Osberto Ramírez Bonilla, quien a la fecha mantiene el cargo. Cinco más de su lista fueron contratados para este departamento.

En la tercera subdirección, Rehabilitación, llevó a Édgar Camargo Liere quien, un año después al asumir como director general, fue sustituido por Roxana Gallardo. Una mujer que, como las comunicaciones interceptadas de CICIG demostrarían más tarde, llamaba “Jefe” a Lima Oliva. La Unidad de Rehabilitación posee la llave para la libertad de cualquier prisionero pues es responsable de emitir informes de buena conducta, la base para lograr la redención de penas. El resto de esta unidad se conformó con cuatro personas más de la planilla del capitán.

Entre las pruebas que presentó la CICIG en el caso que sigue contra Lima Oliva por el traslado de prisioneros, se encuentra una conversación que refleja la relación entre Lima Oliva y la jefa de Rehabilitación. El intercambio de mensajes apenas evidencia dónde estaba la jerarquía del SP.

Según los registros de la investigación, la plaza sobre la que chatearon no se concretó. Las conversaciones entre Lima Oliva y Gallardo muestran el servilismo de ella ante el capitán. En otro de los chats presentados por CICIG, “Ross” avisa que prepara certificaciones con Fisher e intenta coordinar con Lima Oliva la entrega de los documentos. “Yo llego. Pero solo kiero sacar el vo.bo. del coronel (director del SP) pa que tenga peso”, escribe “Ross”.

La estructura que organizó Lima Oliva le permitía estar informado de los días que harían requisas y en ocasiones coordinaba sus salidas
de Pavoncito con la ayuda del jefe de Traslados, Hernández Franco (con quien fue capturado en 2013) y Fisher, subdirector Operativo.

Al “Capi”, como también le llamaban sus recomendados, le pedían ayuda para ingresar comida y estufas a Pavoncito. Al leer las conversaciones que documentó CICIG, no se pueden precisar los nombres de quienes se comunicaban con él porque solo utilizan sobrenombres, pero en los chats se lee, por ejemplo, que pedían plazas de trabajo, permisos para ingresar pizza a tal o cual penal e incluso demandaban mejoras para los reos. El poderoso capitán disponía, con un teclazo desde su teléfono, de las prisiones.

Lima Oliva ahora se defiende y sostiene que cada jefe y coordinador era responsable de sus actos. “Yo no tomaba decisiones y nunca toqué cosas administrativas ni dinero.

Mi intención era que la gente que llegara al puesto, entendiera que a la par del resguardo y la custodia hay rehabilitación”, argumenta.

Su poder en el nombramiento y colocación de allegados repitió, además, un viejo vicio de la burocracia: nepotismo. Su suegro, Samuel Gustavo Reyes Samayoa, ocupó la subdirección Técnica Administrativa e Irving Estuardo Aguilar Mendizábal, su abogado durante el juicio por el crimen de monseñor Gerardi, se desempeñó como asesor jurídico.

¿Alguien necesitaba empleo? El chat de Lima Oliva solucionaba el problema. ¿Alguien necesitaba traslados? El capitán tenía los contactos para ejecutarlos.

Certificaciones a la orden

Byron Lima quería fuera a la CICIG del país. Foto: Luis Soto - CP

Byron Lima quería fuera a la CICIG del país. Foto: Luis Soto – CP

El hermano menor de Lima Oliva, Luis Alberto, reconoce que cuando se involucró como colaborador de la campaña del Partido Patriota en 2011 tenía una petición: que el Ejecutivo no interfiriera con el proceso de redención de penas de su hermano y su padre Byron Disrael Lima Estrada.

El capitán Lima Oliva asegura que llegó, incluso, a negociar su nombramiento como director general del Sistema Penitenciario una vez recuperara su libertad y que el puesto le fue prometido. Una idea que parece descabellada –¿por qué el gobierno de Otto Pérez Molina habría de correr con el desgaste de llevar al asesino del obispo a dirigir las prisiones?– pero igual de descabellado parecería creer que un convicto definió el nombramiento de autoridades del Sistema Penitenciario.

A partir de 2012 dos implicados en el crimen de monseñor Gerardi lograron su redención de penas. El coronel Lima Estrada salió en julio de 2012 y el sacerdote Mario Orantes, en enero de 2013. La Fiscalía aún recurre contra la decisión que liberó el coronel pues, se ha descubierto que el hijo firmó ciertos informes que surtieron efecto para solicitar la libertad.

Lima Oliva no pudo acortar su pena porque la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado (ODHA), querellante adhesiva en el proceso por la muerte de monseñor Gerardi, acusó al capitán de falsificar documentos para obtener su libertad. Este caso fue archivado la primera semana de noviembre.

En todo caso, ese expediente acumula diplomas de buena conducta emitidos por el departamento de Educación bajo el mando de “Ross”, Roxana Gallardo, subdirectora de Rehabilitación. En la colección de diplomas de Lima Oliva, hay tres que lo acreditan como un colaborador en temas educativos dentro de los penales. Esos papeles están firmados por dos de sus recomendados: Camargo Liere y Flor de María López, empleada desde la administración anterior. Los títulos parecen simples, pero las constancias de educación y de trabajo dentro del penal son clave porque cada papel podría significar una rebaja incluso de 3 meses, según la Ley de Redención de Penas.

Mientras sus recomendados certificaban buena conducta, obviaban el historial de conflictos del capitán en la prisión: los juzgados acumulan denuncias de abusos, lesiones, amenazas e incluso intentos de homicidio de Lima Oliva contra otros presos.

El pasado 3 de septiembre CICIG puso fin al imperio que Lima Oliva tejió en Pavoncito. La organización le acusó de asociación ilícita, tráfico de influencias, avado de dinero u otros activos y uso de equipo de terminales móviles. El nuevo caso implicó, después de ocho años, el cambio de prisión.

La-Planilla

Aislado, pero con poder

“Ahora escriban que yo sí pude contra Byron Lima”, bromeó durante una entrevista el ministro de Gobernación al referirse que pudo sacarlo de Pavoncito (ningún recurso legal logró el traslado a otro reclusorio). El ministro se mostraba orgulloso, pero en realidad la orden surgió a causa del caso de CICIG.

El capitán está, desde el pasado 8 de octubre (2014), aislado en una bartolina en el Cuartel General de Matamoros, en la zona 1. Esta vez sin computadora, sin teléfono y con visitas restringidas.

De su planilla, de los 35, solo seis mantienen sus puestos. Jesús Ramírez Bonilla, Ostilio Novegil y Mariano Cachupe en la Unidad de Análisis. Flor de María López, en el Departamento Educativo. Mientras que a Roxana Gallardo y a Edgar Hernández Franco los reubicaron en la Escuela de Estudios Penitenciarios. Aunque no aparece en la lista de Lima Oliva, también continúa Silvia Argentina Guinea, actual directora general del SP, quien previo a dirigir el SP fue secretaria del suegro del capitán.

El jueves 6 de noviembre, Lima Oliva salió airoso después de escuchar el veredicto de la jueza que lo libró del caso de falsificación de diplomas. Caminó altivo y triunfante, se dirigió a los periodistas y se burló en los micrófonos porque el MP no pudo demostrar culpa. Al terminar, concedió un espacio para conversar con ContraPoder.

Una de las preguntas planteadas fue si creía que había perdido el poder porque cada vez menos de sus recomendados estaban en el SP.
La respuesta, en su estilo, sugiere que no.

–“No,” dijo, “yo metí a más de 200 personas y no solo en el Sistema Penitenciario. También en las Fuerzas de Tarea, en Inteligencia Civil, en la Escuela de la Policía Nacional Civil y hasta en el Congreso de la República. Los míos fueron distribuidos en varios lugares y por eso no me preocupo”.

Lima Oliva es el reo más polémico y mediático de los últimos 15 años en Guatemala. Sus actos hacen retumbar las líneas de Francisco Goldman, escritor estadounidense, quien en su libro El arte del asesinato político. ¿Quién mató al obispo?, citó a un policía de inteligencia que predestinó desde 2004 el futuro de uno de los asesinos de monseñor Gerardi. “El capitán Lima dejaría la prisión convertido en un hombre adinerado, con su honor intacto. Y hombres poderosos estarían siempre en deuda con él”. El tiempo definirá las páginas que han de escribirse para relatar la historia de este capitán.

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