justicia, Nacionales — julio 18, 2016 at 1:46 pm

Nadie puede contra Byron Lima

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Byron Lima luchó por mucho tiempo por no salir de Pavoncito. Advertía que fuera de allí su vida corría peligro. Adentro era intocable. Este lunes 18 de julio fue asesinado de varios disparos en la granja de rehabilitación Pavón.

Seis meses después de que fue recapturado, las cosas volvieron a la normalidad para Byron Lima en Pavoncito. El reo consiguió́ no ser trasladado de penal, los funcionarios que le facilitaban sus salidas no enfrentaron proceso judicial y el capitán mantiene su hegemonía en la cárcel. Sus vínculos con Otto Pérez Molina y el Partido Patriota siguen intactos y las investigaciones contra él, engavetadas. El capitán aspira ahora a ser Presidente del país.

Byron Lima con sus abogados, en noviembre de 2015. Foto: Luis Soto - CP

Byron Lima con sus abogados, en noviembre de 2015. Foto: Luis Soto – CP

Reportaje publicado en la edición 49 de Contrapoder de septiembre del 2013

Byron Lima Oliva quiere ser Presidente. El condenado a 20 años de prisión por el asesinato de Juan José Gerardi se promociona como aspirante a la Presidencia de la República, a pesar de que saldrá libre dentro de siete años.

Su propaganda usa el lema “Una Guatemala para tod@s” y se difunde en www.byronlimapresidente.com, Facebook y el periódico El Metropolitano, del cual es columnista. La acompaña una foto en la que posa sonriente con una camisa de cuadros.

Byron Lima está preso en Pavoncito. Intentó en 2010 
que le redimieran la pena, pero le descubrieron que usó certificados de buena conducta falsos. En febrero pasado fue sorprendido afuera del penal sin permiso judicial con seis trabajadores de presidios. Una seguidilla de recursos judiciales le han permitido permanecer en esa cárcel de mínima seguridad.

El perfil de “Byron Lima Presidente” se abrió en Facebook el 25 de julio y ya tiene 300 seguidores. “Ideas claras, pienso en las nuevas generaciones y no en las próximas elecciones”, aclara su propaganda.

En los siguientes comicios, los de 2015, al militar aún le faltará un lustro de condena. Pero para las elecciones de 2021 ya estará libre y tendrá 52 años de edad. En ese proceso aspira a participar.

Moisés Galindo, uno de los abogados del militar, confirma que su cliente quiere participar en las elecciones para “luchar contra la corrupción y la injusticia”. Cuenta que ya tiene 73 mil seguidores en redes sociales y su propósito actual es desmitificar las “leyendas urbanas” que le han inventado.

Las “leyendas” que se cuentan sobre Lima Oliva incluyen extorsiones, abusos a los reos y tráfico de drogas, y el control de actividades comerciales e ilícitas de las cárceles. Se suma a su libertad sin cortapisas su relación con las personas que dirigen el Sistema Penitenciario y el hombre al que quiere relevar, el Presidente Otto Pérez Molina, su padrino en épocas castrenses.

Los desmanes del reo

Foto: Luis Soto - CP

Foto: Luis Soto – CP

Lima mostró su liderazgo desde el Preventivo de la zona 18, la primera prisión en la que estuvo. En 2001 el capitán fue elegido como vocero y defensor de los reclusos. Su abogado Moisés Galindo define al capitán como un hombre que ha puesto orden en los reclusorios por donde ha pasado porque tuvo que aprender a sobrevivir en la cárcel con “orden” y “disciplina”.

La línea entre el liderazgo y los desmanes de Lima es difusa. Los reportes de prensa y las denuncias que descansan en expedientes archivados en el Ministerio Público (MP) dan cuenta maltratos a reos, fiestas escandalosas y extorsiones, hasta su presunta participación en la elección de mandos altos y medianos del Sistema Penitenciario en el gobierno de Otto Pérez Molina. “Lo acusan sin pruebas”, reclama Galindo.

Algunos de los desmanes de Lima en prisión, sin embargo, han quedado documentados.

La investigación por la decapitación en 2003 de Obdulio Villanueva y dos reclusos del Preventivo de la zona 18 no prosperó, pero el expediente 2003-0212 del Ministerio Público recolecta los testimonios de los prisioneros pandilleros. Uno de ellos relató que el día del motín las pugnas entre los sectores 1 y 2 contra el 7 “donde estaban recluidos policías y militares” llegaron a su punto crítico.

Los pandilleros denunciaron los abusos de poder del capitán Lima y revelaron la red 
de negocios que fundó en el Preventivo. Sugirieron incluso que tenía armas adentro. Lima argumentó que solo estableció órdenes de conducta en la prisión: a qué hora levantarse, a qué hora acostarse o bañarse.

La Oficina del Procurador de los Derechos Humanos (PDH) recibió una denuncia contra Byron Lima el 10 de septiembre de 2009. Señalaba que el capitán encerró a 13 reclusos de Pavoncito en un corredor de 6×2 metros sin comida, agua ni sanitario. Debían pagar para obtenerlos. El documento cita que Lima tenía más de 50 reos a su mando que ejecutaban los castigos.

Un año después, en marzo 
de 2010, se publicaron en la prensa detalles de la libreta del capitán confiscada durante una requisa. El cuaderno registraba cobros de miles de quetzales, pagos de hasta US$70 mil por carros e inmuebles, nombres
y correos electrónicos de supuestos narcotraficantes. También consignaba datos de compras de armas y chalecos antibalas.

En agosto de 2012, el capitán volvió a ser noticia: circularon dos fotografías en las que aparecía abrazado a edecanes y a junto Néstor Rainier García Contreras, el entonces subdirector Operativo del Sistema Penitenciario.

En la base de datos del MP 
hay registradas 11 denuncias contra Lima Oliva por amenazas, posesión para el consumo, falsedad material y asociación ilícita puestas por reclusos contra el capitán. Ninguna fue ratificada. Un fiscal que conoce el caso y pide omitir su nombre por seguridad, opina que los denunciantes no confirman sus quejas por temor a Lima.

Un paraíso en presidios

Foto: Santiago Billy/DiarioDigital

Foto: Santiago Billy/DiarioDigital

Lima vive en el área de aislamiento de Pavoncito. Las celdas tienen espacio para tres planchas de cemento, pero el capitán duerme solo.

Según se observa en dos fotos publicadas en www.byronlimapresidente.com (sitio creado en junio) la habitación tiene una cama, un sillón, una silla y mesa plástica, un espejo, divisiones de madera para ropa y un escudo en la pared: es una calavera con la boina roja de kaibil.

Pavoncito es un penal de mínima seguridad con capacidad para 800 reos. Su población actual es 966 hombres. Las puertas principales son custodiadas por trabajadores del Sistema
 Penitenciario.

El segun
do acceso es
controlado por los reclusos. Dos hombres con radios y
 un detector de metales portátil (Garrett) que revisan a la gente. Pavoncito permite visitas todos los días.

Lima dedica las tardes para sus citas. Lo llegan a ver diputados, funcionarios, miembros del cuerpo diplomático, cuenta su abogado.

A sus 43 años, el capitán se mantiene en forma. Su día comienza con una rutina de ejercicios, cuenta el abogado. Desayuna y da clases de portugués en un aula del penal.

Las reglas del Sistema Penitenciario no permiten a los reos tener computadoras ni teléfonos, pero Pavoncito es la excepción. Lima gestiona sus páginas y perfiles en Facebook y Twitter desde la cárcel.

El capitán es columnista desde hace 13 años de El Metropolitano, un medio coordinado por José Ramón Hernández Santos, su ex compañero de celda en el Preventivo. El quincenario es gratuito y circula 27 mil ejemplares en seis áreas del centro del país y en Quetzaltenango. Publica notas favorecedoras para políticos locales, especialmente alcaldes, entre ellos Otto Pérez Leal.

En diciembre de 2012, El Metropolitano publicó un reportaje sobre Pavoncito. Entrevistó a Byron Lima y lo mostró con el embajador de Taiwán, el entonces director de Presidios Luis Alberto González Pérez y el amigo del ministro de Gobernación y proveedor de equipos de seguridad para cárceles, Carlos Fabián.

Byron Lima es el anfitrión
 de Pavoncito. No hay visita relevante que no sea atendida y guiada por él. Al capitán le cuida las espaldas un grupo
de reclusos y tiene a su disposición un fotógrafo que le documenta todo. En su perfil de Facebook el militar muestra algunas de las imágenes que su comunicador ha captado. Lima siempre posa sonriente. Tiene muchas razones para querer estar en Pavoncito.

La torre fuerte

Pavoncito cuenta con granjas de animales, talleres de pintura, cocina y manualidades. Posee peluquería, panadería, taquería, gimnasio y otros negocios atendidos por reos.

Lima no quiere salir de Pavoncito. Dice que si lo cambian
 de cárcel lo van a matar. En su columna de El Metropolitano de abril enumeró 10 sucesos que, a su criterio, demuestran que varias entidades han intentado asesinarlo. También argumenta que padece de apnea del sueño severa y que requiere de un oxigenador que le reduce el riesgo de ataques cardiacos.

Lo confirman informes de médicos privados y del Sistema Penitenciario que facilita Galindo y una evaluación del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif ). El abogado sostiene que solo en Pavoncito hay tomacorriente en las celdas para conectar el aparato.

Pero Byron Lima tiene otras razones para querer estar en Pavoncito: el capitán afincó ahí su poderío.

A mediados de 2010, dos años después de haber llegado al penal, Lima encabezó una iniciativa empresarial conformada por reos para crear una fábrica administrada por cooperativa. La llamaron “Torre Fuerte” y se inauguró en junio de ese año. Lima fue nombrado gerente.

La fábrica confecciona uniformes y calzado para las fuerzas policiales y militares, gorras y playeras. Artículos promocionales que distribuyó el Partido Patriota durante la campaña electoral de 2011 fueron elaborados en Pavoncito.

Lima fue gerente de Torre Fuerte hasta febrero de este año. Su abogado y el director del Sistema Penitenciario (SP), Édgar Camargo, aseguran que renunció al cargo después de su detención, tras un acuerdo con el SP: el mismo que le había autorizado la salida y que le ha cedido el control del penal.

“El que avisa no es traidor

Foto: Luis Soto - CP

Foto: Luis Soto – CP

El 15 de febrero Byron Lima salió de Pavoncito a las 5:30 de la mañana y regresó a las 17:15 horas. Un operativo lo esperaba para darle captura.

El capitán Lima viajaba con dos pilotos, cinco agentes penitenciarios y de Édgar Rolando Hernández Franco, el jefe de requisas y traslados de Presidios. Se movilizaban en dos vehículos particulares.

Lima no tenía permiso del juez de ejecución para salir de Pavoncito. La autorización se la había otorgado el SP, dirigido por Luis González, supuestamente para que el reo fuera al consultorio del dentista en la zona 7.

La Policía Nacional Civil (PNC) se atribuye la recaptura de Lima. Sin embargo, en el operativo también participó
la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), un hecho confirma el ministro de Gobernación, Mauricio López Bonilla, el Ministerio Público y el abogado Galindo. En lo que discrepan es en la razón por
la cual agentes de una Comisión encargada de investigar estructuras paralelas y aparatos clandestinos de seguridad, participaron en el operativo.

López Bonilla dice desconocer por qué participó la CICIG. “Son muy reservados con sus casos”, arguye. Una fuente cercana a Gobernación cuenta que la CICIG llegó ese 15 de febrero porque tenía abierta una investigación que involucra a Lima y presionó al Gobierno para que se le pusiera un alto. Eso implicaba detener sus salidas.

El Ejecutivo no tuvo más que ceder. Aunque con los meses todo volvió a la normalidad.

Tras su recaptura, el propio Lima admitió ante el juez de turno que había salido 37 veces del penal en el último año con la autorización del SP.

López Bonilla reconoce que sabía de las constantes salidas de Lima. La noche del 15 de febrero, en medio de la convulsión por la recaptura, declaró: “Me comuniqué con él (Lima) varias veces para pedirle que respetara la ley. El que advierte no es traidor”.

Dos fuentes de Gobernación que piden el anonimato sostienen que la detención del capitán obedeció a una pugna por el cobro de la “talacha”,
ese pago exigido a los reos de reciente ingreso y a los que quieren privilegios.

La talacha, aseguran, recauda Q300 mil semanales y son disputados por las autoridades del SP y Lima. Juan Ortiz “Chamalé”, acusado por Estados Unidos de narcotráfico, pagó al capitán Q200 mil por los días que pasó en Pavoncito, según contó su abogado a este medio.

Al observar la recaptura del capitán en perspectiva, los efectos que tuvo fueron marginales: Lima permanece en Pavoncito a pesar de que un juez de ejecución ordenó su traslado a Fraijanes I. Renunció a la gerencia de Torre Fuerte, pero aún es una autoridad dentro del penal, los reos le responden a él. González, el funcionario que autorizó sus salidas, solo fue destituido y Edy Fisher Albizú, el subdirector operativo que firmó los permisos para el ingreso de los vehículos, fue promovido a subdirector general del SP.

¿Se queda en Pavoncito?

Foto: Luis Soto - CP

Foto: Luis Soto – CP

Lima se quedó en Pavoncito gracias a la resolución del
juez de turno. Carlos Roberto Motta de Paz escuchó a Lima el 16 de febrero y en el acto ordenó que volviera a Pavoncito. No razonó su decisión.

El día 19, el juzgado de Ejecución ordenó que lo trasladaran a la cárcel de máxima seguridad en Fraijanes I, a petición de la Fiscalía de Ejecución del MP,
 la cual sostuvo que el traslado garantizaría que la investigación del caso fuera objetiva. Pero la orden no se cumplió.

Wálter Villatoro, juez Décimo de Primera Instancia Penal, argumentó que el traslado ponía en riesgo la vida de Lima. El juez conoce el caso de la falsificación de un diploma con el que el militar buscaba en 2010 la redención de pena.

El juez de Ejecución Javier Sotomora consultó a la Cámara Penal de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) qué judiciatura tiene la facultad de ordenar el traslado. Los magistrados le respondieron que la suya.

Galindo fue ágil para frenar esa decisión: apeló que la Corte pasó por alto la resolución de Motta, el juez de turno, y pidió un amparo. Jueces, fiscales y abogados esperan la nueva respuesta de la Corte.

Si quisiera, el SP podría trasladar a Byron Lima de Penal. El Sistema tiene esa facultad “en caso de emergencia”. Pero ni su director Édgar Camargo ni el ministro López tienen interés en meterse con el capitán.

El Ministro justifica que respetan la orden de los jueces. Dice que trasladar a Lima no es sencillo por las amenazas
de otros reos. “No podemos garantizar su seguridad. Sé que es paradójico y puede sonar hasta ridículo. Él (Lima) sigue siendo un privado de libertad controversial(…) esto es un ajedrez”, reconoce.

Las respuestas del Ministro distan de su discurso del 15
 de febrero, cuando vociferó
 en la conferencia de prensa: “Sin ninguna duda (Lima) no puede regresar a Pavoncito”.

Hoy, casi siete meses después del operativo, se retracta y explica que emitió una “opinión personal”. En ese tablero de ajedrez reconfigurado con la captura de Lima las piezas dieron un paso atrás ante la Torre Fuerte de Lima, el reo que aspira a ser Presidente.

El reo capitán

Byron Lima Oliva nació el 2 de octubre de 1969. Se graduó en la promoción 108 de la Escuela Politécnica. Trabajó en el Estado Mayor Presidencial en la División de Protección y en el Grupo Especial Antisecuestros, entre otros puestos. Su último grado en el Ejército fue el de capitán. Tenía 31 años cuando fue condenado a 20 años de prisión por el crimen de monseñor Gerardi.

Su padre, Byron Disrael Lima Estrada, coronel del Ejército, fue a prisión por el mismo caso. Ambos compartieron la cárcel hasta julio de 2012 cuando el Juzgado Primero de Ejecución Penal le redimió la pena a Lima Estrada por buen comportamiento.

En los últimos 13 años Byron Lima Oliva ha pasado por cuatro centros carcelarios. Recién sentenciado fue confinado en el Preventivo para hombres de la zona 18 donde tres años después Obdulio Villanueva, sargento condenado por el mismo crimen, fue decapitado durante un motín. Doce días después 21 reos fueron intoxicados con insecticida Gamexane mezclado en el fresco del almuerzo. Los reclusos responsabilizaron a Lima Oliva de querer envenenarlos. El Sistema Penitenciario no tiene registro de esas intoxicaciones.

El capitán fue trasladado a la cárcel de máxima seguridad El Boquerón, en Santa Rosa.

Lima permaneció en El Boquerón hasta 2005. Ese año estuvo en Pavoncito y al siguiente lo trasladaron a la cárcel de máxima seguridad El Infiernito, en Escuintla. Allí estuvo hasta 2008, cuando fue devuelto a Pavoncito, donde permanece.

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