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Así me convertí en... — julio 31, 2016 at 9:00 am

Así me convertí en Jota Ce

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Soy uno de los pioneros de las caricaturas satíricas en Guatemala. Hace 40 años comencé en el oficio de representar la voz de la gente a través de los muñecos en la prensa impresa y desde el año pasado lo hago desde la web. Escrito por Emiliano Castro Sáenz, a partir de la entrevista con Julio César Castillo.

Foto: Luis Soto - CP

Foto: Luis Soto – CP

Cuando comencé a dibujar en el diario El Gráfico, en 1976, aún no existían como tal las viñetas en el país. Había unos recuadros de chistes y tiras cómicas en la sección de ocio, y todos eran extranjeros. Pero, a diferencia de otras latitudes con gran tradición satírica, no había quién hiciera infografías y mucho menos existía el oficio de editorialista gráfico.

En ese entonces tenía yo 32 años, estudiaba en la Escuela Centroamericana de Periodismo (que se encontraba cerca del Instituto Normal para Señoritas de Centro América) cuando un familiar de mi papá le contó a Roberto Carpio Nicolle (expresidente del Congreso) que yo quería ser periodista. Yo era primo en segundo grado de los Carpio, de mi lado materno.

Roberto me recomendó con su hermano Jorge, el director de El Gráfico (y candidato a presidente en 1985 y 1990), quien me dijo que me daría un puesto en el diario. Pese al vínculo familiar que me permitió ingresar al diario, nunca me sentí como un protegido.

Jorge me preguntó qué sabía hacer. En la escuela de periodismo me destaqué como dibujante de un pequeño medio en donde cada uno debía hacer algo y yo preferí hacer caricaturas. Entonces le respondí que me gustaba dibujar. Considero que el periodista es como un médico, en algo se debe especializar.

La primer semana no hice nada, no tenía iniciativa y me dediqué a ver cómo funcionaba el medio. Hasta que en una oportunidad el director me preguntó qué había hecho y yo le mostré una caricatura de Emilio “el Indio” Fernández, un actor mexicano que había asesinado a alguien y que se suponía que había venido aquí a Guatemala huyendo de la justicia.

Les gustó. Me pidieron otra para el día siguiente y así, con los días, mi viñeta se ganó un espacio en la sección editorial. Y con el tiempo a alguien (no recuerdo quién) se le ocurrió llamarlo “El chispazo del día” y más tarde se llamó solo “El chispazo”.

No obstante el éxito de las caricaturas, ese no era mi mayor atribución. De hecho, durante mi tiempo en El Gráfico, no me pagaron los chispazos, siempre se consideró como algo extra a mi labor oficial: hacer infografías, representar en gráficas un robo o un tiroteo, la caída de un avión o un juicio.

Hasta que una oferta del recién creado (y aún inédito) elPeriódico, en 1996, me provocó cambiar de aires. Allí sí valoraron (económicamente) el hecho de ser caricaturista.

En esta nueva faceta busqué centrarme más en los protagonistas de las noticias y en el clamor popular. En mi etapa anterior hacía cosas más genéricas, aunque también critiqué al poder con personajes estandarizados como un gato llamado “Diputado”. Pero en el nuevo medio decidí ser más directo, aunque siempre respetuoso. Nunca me gustó burlarme de los defectos de la gente o de sus creencias.

Siempre fui de camioneta y de andar a pie. En mis largos trayectos a elPeriódico escuchaba cómo a veces la gente se reía con mis muñecos o como hablaba de ello. Y eso es lo más gratificante de mi trabajo, poder percibir, desde mi anonimato como caricaturista, que le dejé algún rato bonito, feliz o agradable a la gente.

No recibí muchas quejas ni amenazas por lo que hice. A veces hasta se rieron conmigo quienes salieron retratados. Más que reclamos de terceros, en un par de ocasiones en El Gráfico me pidieron que no tocara “x” tema o que no me centrara en “y” y eso no me gustaba porque limitaba mi creatividad.

Pero lo que me llevo de mi trabajo es, además de haber logrado sacar unas cuantas risas, haber contribuido a que la caricatura haya sido más vista; porque ahora no hay periódico que no tenga una ilustración, una viñeta y con especialistas y grandes amigos como lo son Filóchofo, Fo o Pepe Piloña y varios más.

JotaCe

Otros datos de Jota Ce

  • En sus inicios firmó con su nombre completo, pero cuando pasó a elPeriódico lo hizo como Jota Ce, con el que llegó a ser toda una institución. También llegó a firmar como Monere.
  • Julio César Castillo tiene 71 años. Trabajó 20 años en El Gráfico y 19, en elPeriódico. Desde agosto de 2015 dibuja una vez a la semana en Ojoconmipisto.com.
  • Antes de ser editorialista gráfico, trabajó como oficinista en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), de 1968 a 1984.
  • Estudió Química, Historia y Periodismo, sin embargo no se tituló. Antes, se había graduado de maestro, del Instituto Rafael Aqueche, en 1963.
  • Ha tenido dos exposiciones. Una colectiva en la antigua sede de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Guatemala (Minugua), zona 1, y otra individual en el Instituto Guatemalteco Americano (IGA), zona 4.
  • A diferencia de sus viñetas anteriores (blanco y negro y sobre política nacional), en Ojoconmipisto.com las hace a color y específicas sobre los gastos y manejo del presupuesto de las municipalidades.

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