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Columnas, Mario Polanco, Opinión, Tejedores — agosto 24, 2016 at 10:14 am

La fortaleza de Guatemala es su gente

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Por: Mario Polanco

 

La capacidad de Guatemala y de su población para salir airosa de las crisis y de las adversidades se denomina resiliencia, aptitud demostrada frente a terremotos, dictaduras militares y violaciones a los derechos humanos, cooptación del Estado durante décadas, gobiernos y funcionarios corruptos y violencia.

Foto: Luis Soto/Contrapoder

Foto: Luis Soto/Contrapoder

No hay que olvidar el pasado, de lo contrario se corre el riesgo de repetirlo. En 2016 se cumplen veinte años de la firma de los Acuerdos de Paz, los avances registrados a lo largo de estas dos décadas son palpables, aunque al inicio parecía que no se avanzaba, que la dirección estaba encaminada hacia el Estado fallido, la misma fue corregida por la población, que salió a las calles a protestar de manera ejemplar frente al mundo, lo hizo pacíficamente destituyendo a la pareja presidencial que ahora guarda prisión con decenas de personas que formaban parte de bandas del crimen organizado, que sustraían los recursos nacionales.

Los avances luego de dos décadas se registran en las ciencias, en la política, en el deporte y en la conducción de las instituciones del Estado que, independientemente de los errores de quien gobierna, hacen que el país esté enderezando su rumbo. La fortaleza de instituciones como la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) con Juan Francisco Solórzano, el Ministerio Público con Thelma Aldana, jueces como Miguel Ángel Galvez y Jazmin Barrios; y Nineth Montenegro en el Congreso marcan la diferencia y permiten vislumbrar un mejor futuro para Guatemala.

Poniendo en alto el nombre de Guatemala a nivel internacional, en los deportes se debe reconocer a Érick Barrondo, Juan Ignacio Maegli, Ana Sofía Gómez, Mirna Ortiz, Édgar Pineda; asimismo, en las ciencias se debe reconocer a Luis von Ahn y Edward Hirst o al dreamer Henry López, quien se ha involucrado en la política estadounidense junto a la candidata Hillary Clinton.

Difícilmente estas personas jugarían ese rol, si Guatemala hubiese continuado en guerra o con dictaduras que tanto daño causaban, sin embargo, aunque resulte increíble, hay más de alguien que con su discurso de odio continúa añorando aquel periodo que ojalá se quede en el pasado.

La fortaleza de Guatemala está en su gente, que diariamente trabaja por mejorar la nación para contar con un mejor futuro para sí mismos y las futuras generaciones. Ese tesoro debe ser valorado positivamente por quienes gobiernan, especialmente por Jimmy Morales que sigue sin comprender que él es el presidente de todas las personas que nacimos en este territorio y no solamente de quienes se han acercado a él, para asesorarlo o para hacerse sus amigos –muchos de los cuales tienen un pasado dudoso–.

El Estado debe invertir en su gente, que es la que está construyendo patria, debe destinar recursos para mejorar las oportunidades, el acceso a la educación, salud, vivienda, empleo digno y remunerado justamente. Además, debe garantizar la seguridad de quienes contribuyen diariamente con su actividad a la cabeza de diversas instituciones que, como consecuencia de su labor, ponen en peligro su vida por trastocar intereses oscuros, de esos que han tenido cooptado al Estado durante décadas o que forman parte de la delincuencia organizada.

El pueblo es resiliente, soporta muchas cosas, sin embargo puede llegar el cansancio y es a ese momento al que los gobernantes deben temer, porque puede producir cambios abruptos, especialmente cuando existe intensión de deteriorar su capacidad adquisitiva, como en estos momentos, que se pretende crear un paquete de impuestos que serán pagados nuevamente por las capas medias y por quienes menos tienen.

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