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Andrés Castillo, Columnas, Opinión — septiembre 5, 2016 at 4:41 pm

Déjà vu

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La estrategia tributaria que proponía Julio Héctor Estrada es la misma que utilizaron, sin resultado, las administraciones anteriores.

Foto: Archivo/Contrapoder

Foto: Archivo/Contrapoder

El primer trimestre del año se caracterizó por menor producción de bienes y servicios. La Junta Monetaria ajustó a la baja su pronóstico del crecimiento para el presente año y confirmó la desaceleración económica mundial y local.

Por si fuera poco, el Gobierno –liderado por el ministro de Finanzas, Julio Héctor Estrada– presentó un proyecto de reforma tributaria que pretendía ajustar las tasas del impuesto sobre la renta (ISR) de la siguiente forma: a empresas de 25 a 29 por ciento; a empresas que pagan sobre ingresos brutos de 7 a 12; y a asalariados de 5 a 7. La iniciativa también contempla aumentar las regalías mineras, y subir en Q3 el impuesto a los derivados del petróleo, y en Q3.50 el de distribución de cemento.

La propuesta –que ya fue retirada por el presidente Jimmy Morales– hubiera aumentado la informalidad y agravado la situación. Por increíble que parezca, tres de cada cuatro empleos son informales y solo 2 mil 700 contribuyentes aportan el 90 por ciento de la recaudación.

La fallida iniciativa de Estrada llama a reflexionar sobre el tema tributario. ¿Qué es más fácil? ¿Seguir hostigando a los formales, que están plenamente identificados, o a los informales, que no aparecen en ningún registro y no tienen una dirección fiscal? Es obvio que al formal. Pero las autoridades no parecen darse cuenta de que al ahogar a los pocos contribuyentes, se quedarán sin ellos.

Si la situación no le parece suficientemente crítica, recuerde los bloqueos a las carreteras. Cada semana debemos aguantar y perder tiempo y recursos por los berrinches de unos pocos y la ineptitud de la autoridad en poner orden. ¿Cómo vamos a tener un crecimiento económico de esta forma?

El Ejecutivo debería enfocarse en aumentar el número de contribuyentes y promover el crecimiento económico. De esa forma, aumentaría la recaudación. Pero quería obtener más ingresos con la misma fórmula de siempre, a pesar de que esta no ha dado resultados. Todas las reformas tributarias anteriores no se han traducido en mejores sistemas de salud y educación. Estos siguen en trapos de cucaracha. La violencia se pasea en cada esquina. Las extorsiones están a la orden del día. La infraestructura está destruida. Y la corrupción, aunque más tímida, sigue presente.

Nunca se ha propuesto o adoptado una estrategia que busque hacer eficiente la administración pública, aumente la transparencia, priorice el gasto, garantice la rendición de cuentas de los funcionarios, y promueva la confianza de los ciudadanos en los funcionarios. Los señores del Ejecutivo estaban decididos a seguir ahorcando a los mismos y no hacer nada por combatir el contrabando, poner fin a las extorsiones y corregir los pactos colectivos que hoy tienen de rodillas a la administración pública.

Estrangular con impuestos el sector formal y productivo hubiera desincentivado la inversión y disminuido la competitividad. ¿Cuántos jóvenes no tienen posibilidad de encontrar un empleo formal por la falta de inversiones?

Es absurdo que el ministro de Finanzas haya pretendido castigar a los contribuyentes cuando hay desaceleración económica, informalidad, contrabando y desconfianza en la administración pública. Exhorto a los señores del Ejecutivo a que sean serios y aprendan del pasado. Cualquier discusión tributaria debe ser abordada de forma integral para que los recursos de los contribuyentes sean utilizados de forma eficiente.

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