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Tendencias, Vida en rosa — septiembre 6, 2016 at 4:01 pm

Más que el hogar de Taquito

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El Albergue Municipal de Mascotas de la zona 21 hace una labor de rescate, pero también de educación en el tema del cuidado de los perros.

196 perros han sido adoptados desde 2014, fecha en que se inauguró el Albergue Municipal de Mascotas, ubicado en la zona 21. El proyecto es iniciativa de Jorge Mario García, alcalde auxiliar de la zona 21, con el respaldo de Álvaro Arzú, alcalde de la Ciudad de Guatemala.

La idea inició como un comedor para perros callejeros, que incluía un plato de agua
 y comida que se dejaba a las puertas de la municipalidad. Luego, en la parte trasera del salón municipal, instalaron casas de madera para canes, para que permanecieran allí mientras se daban en adopción; eran entre 5 y 10 perros. Una de las primeras en llegar fue Chaparra, alias La Coordinadora. Fue abandonada en la oficina de la municipalidad durante un fin de semana y decidieron que se quedara porque nadie la iba a adoptar. En la época de lluvia y frío de 2014 hubo problemas de hacinamiento porque no se contaba con instalaciones apropiadas. Llegaron a tener hasta 75 perros, en un área de tierra que les generaba garrapatas y bichos. Las casas no eran suficientes y la gente de manera voluntaria, donó tarimas (como las que usan los contenedores), que fueron forradas con vinil, para poderlas lavar.

Esa situación los motivó a construir 
un albergue. La Unidad Técnica de la Dirección de Desarrollo Social de la municipalidad investigó como funcionaban las albergues en todas partes del mundo. Buscaron los diseños para los juegos así como para las jaulas. Se construyeron 19, las del principio y al final no tienen división de malla, sino de pared porque en un lado funciona como maternal y del otro, atienden perros en conflicto.

La edificación incluye drenaje francés para evitar problemas de contaminación (alrededor hay un mercado y casas). “El tema de la higiene es estricto -dice García- permanentemente hay gente que limpia”. El 23 de abril cumplieron un año con las instalaciones renovadas. En teoría se podría albergar 50 perros, pero eso sería “hacinamiento”. “Nosotros, como institución, no podemos rescatar a todos los perros de la ciudad, solo tenemos 35. Nuestro objetivo primordial es la educación”, agrega el funcionario. En este proyecto, el voluntariado ha sido fundamental para cuidar y ejercitar a los canes.

Y llega Taquito

Foto 6

La popularidad del albergue aumentó con la llegada del chihuahua bautizado como Taquito. La historia se remonta al 5 de marzo de 2015 cuando, fruto de un operativo liderado por la Policía Municipal de Tránsito (PMT), recuperaron a varios animales en una venta ilegal ubicada en Las Charcas, zona 11. Los vendedores huyeron y dejaron las jaulas abandonadas con Taquito, un huski y un shitsu. La noticia llegó a las redes sociales quienes se volcaron en apoyo a los animales, en especial cuando la dueña (quien se encargaba de reproducirlos), los reclamaba como “su mercancía”. Taquito fue el favorito desde el comienzo y por eso se convirtió en el símbolo de la lucha contra el maltrato animal.

No se puede recibir a todos

Cada día, las redes sociales del albergue reportan casos de perros que necesitan atención o auxilio, pero no todos se pueden atender. “Si así fuera, tendríamos unos 5 mil”, advierte García. “La gente debe entender que no es un albergue para meter a los perros abandonados o que ya no quieren. La idea es tenerlos de manera temporal, que se recuperen y darlos en adopción”. Para adoptar a un peludo, deben llegar al albergue y convivir con él. No se pide dinero, solo un buen hogar. Los casos tienen seguimiento posterior a la adopción, con visitas y reportes del estado del can.

BUSCAN HOGAR

Los casos más emotivos del lugar:

Bethoveen

Bethoveen

TIEMPO EN EL ALBERGUE: MÁS DE 7 MESES

Quizá por ser un perro adulto, no
ha sido adoptado, pero disfruta de
la compañía de los cachorros. Llegó con una quemadura de primer grado porque le lanzaron aceite hirviendo en el lomo. Desde pequeño vivió
en una casa hasta que la pareja se divorció y terminó en la calle.

El Abuelo

Abuelo

TIEMPO EN EL ALBERGUE: MÁS DE 2 AÑOS

Durante un tiempo estuvo en zona 8, junto a su compañera llamada
la “Gorda”, que ya falleció. Fueron abandonados dos veces por sus dueños hasta que lograron que estos no regresarán a su casa. De alguna manera comprendieron que su presencia no era grata allí.

Madox

Madox

TIEMPO EN EL ALBERGUE: MÁS DE 9 MESES

Tiene tres años de edad. Fue abandonado por sus dueños durante una jornada de castración realizada en una comunidad de la zona 21. Es un perro dulce al que le gusta la compañía de los adolescentes.

Bruce

Foto 1

TIEMPO EN EL ALBERGUE: MÁS DE 6 MESES

Es conocido como el “perro del Cambray”. Con el fin de que se reúna con su familia, la alcaldía auxiliar apoyó a la familia para que rentaran una casa. Es la primera vez que hacen una actividad así, porque solo aceptan donaciones de comida, cloro o detergente. Cuando su pequeño dueño lo visita y se va, Bruce ladra hasta que se cansa, situación que conmovió a los responsables del albergue.

El costo

Cada caso es distinto y necesita gastos diferentes. El de Gala es uno de ellos. La persona que la apadrinó y posteriormente la adoptó, invirtió entre operaciones y tratamientos médicos Q15 mil, sin incluir alimentación y cuidados.

Los cachorros que llegan con cuadros críticos de salud necesitan una inversión de Q900, que incluye alimentos, vitaminas, desparasitación, pipeta, plan de vacunas y exámenes.

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