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Columnas, María del Carmen Aceña, Opinión — septiembre 16, 2016 at 3:32 pm

Y verás que remonta su vuelo

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Posiblemente, algunos están más orgullosos de la historia reciente que la de nuestros antepasados.

Foto: Archivo CP

Foto: Archivo CP

Días atrás, una amiga convocó a un grupo de conocidos para hacer un ejercicio muy interesante. La idea era comprender más el país y conocer cuál podría ser el rol de la gente comprometida. El proceso fue revelador. Establecimos que el país es de todos y que debemos unirnos, no dejarnos manipular por desestabilizadores y trabajar juntos por un mejor destino. Aún falta un proceso de perdón entre nosotros y es importante no perder la esperanza que vamos a salir adelante. Duele ver a nuestro país estancado, sin embargo sus colores, sus paisajes y su gente son grandes motivadores para seguir adelante.

Esta semana celebramos nuestra independencia. Un tema complejo al analizar la historia, sin embargo, indispensable conocerla, aceptarla y aprender de sus errores para no repetirlos. Posiblemente, algunos están más orgullosos de la historia reciente que la de nuestros antepasados.

Hace un año, en esta época, los guatemaltecos celebrábamos muy efusivamente el 15 de septiembre. Había sido un año complicado, pero de mucho éxito para la ciudadanía. Las protestas pacíficas, el destape de la corrupción y el inicio de procesos legales fueron cruciales. Se logró lo inimaginable, ya que se relevó al Ejecutivo y se inició una depuración de las distintas autoridades. Luego fueron las elecciones y ganó Jimmy Morales como presidente de la república, quien con una campaña austera, bajo el lema “Ni corrupto – ni ladrón”, motivó a muchos a votar y dejar por un lado la vieja política.

No ha sido nada fácil para el presidente marcar un rumbo diferente al de años anteriores y además, dar aliento a los guatemaltecos. Carecía de experiencia política, no tenía cuadros técnicos, su plan de gobierno era muy general y había muchas expectativas de cambio. Encontró instituciones poco funcionales, pactos colectivos comprometedores y sistemas de gestión totalmente obsoletos y cooptados. Adicionalmente, ha tomado una serie de decisiones desatinadas como que su partido hiciera alianza en el Congreso con políticos de la vieja guardia, el nombramiento de algunos ministros y secretarios, ser poco auténtico en su comunicación y hacerse víctima de la situación en vez de ser un auténtico líder del cambio.

Necesitamos espacios de encuentro donde dialoguemos y soñemos con la Guate del futuro.

Por otro lado, el presidente del Congreso puso en práctica una nueva política e inició un proceso de transparencia en esta institución. Publicó la planilla, está dando batalla para reformar el pacto colectivo y renovó su Ley de Servicio Civil. También está siguiendo una nueva ley de régimen interno con el fin de tratar de hacer funcional el Organismo Legislativo.

Por su parte la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y el Ministerio Público continúan con investigaciones y acusaciones a exfuncionarios, jueces y diputados. Complementariamente han presentado una serie de reformas a la Constitución para fortalecer el sector justicia y llevaron a cabo diálogos interesantes, que reflejan el largo camino a recorrer.

Complejo darnos cuenta de que firmamos la paz hace 20 años y seguimos siendo un país lleno de conflictos, violento, mal educado, con población enferma, con muy poco empleo y dividido.

Hace falta mucho por construir y transformar. Pueden cambiar nuestros gobernantes, autoridades y normas, pero si no cambiamos la actitud mezquina, egoísta e indiferente difícilmente tendremos un mejor país. Habrá que involucrarse más en actividades cívicas, apoyar a los necesitados, afiliarse a un partido político o iniciar uno nuevo. Necesitamos espacios de encuentro donde dialoguemos y soñemos la Guate del futuro. Requerimos informarnos y estudiar lo que ha funcionado en otros países y aprender de los fracasos de otros. Definitivamente faltan muchas reformas en el Estado, por lo que hay que preparar gente para hacerlas. Es urgente que surja un nuevo liderazgo que inspire a los habitantes a convertirse en los hacedores de un país distinto –de una Guatemala donde todos quepan, tengan oportunidades y además disfruten de la vida–. Eso sí que nos haría independientes, libres y pacíficos. Es acá donde tocaría cambiar la última estrofa del himno nacional, ya que nuestro quetzal lograría volar más alto que el cóndor y águila real.

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