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Blog de Mamá, Blogs — septiembre 20, 2016 at 1:07 pm

Emprender el vuelo

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Finalizado el bachillerato llega la etapa en la que las alas de nuestros hijos se ensanchan para tomar sus primeras decisiones en la vida, camino a su desarrollo profesional: estudiar en el extranjero.

Algunos jóvenes salen de casa para estudiar en el extranjero.

Para ellos tomar esa decisión a los 17 o 18 años significa lanzarse a un mundo que no conocen y seguramente no es tan sencilla como cuando prefirieron el fútbol al karate. Cada vez escuchamos más de casos como estos en los que los hijos emprenden el vuelo lejos de su país, en busca de nuevas oportunidades.
Existen becas, medias becas, o si la familia puede hacerse cargo de la totalidad de los gastos, ahí van los muchachos a las universidades a las que han aplicado para seguir la carrera elegida. Llega el momento en que los patojos deberán hacerse cargo de su alimentación, de su transporte, de lavar su ropa y hacer números con el presupuesto asignado.
Si para ellos es una gran aventura, para la mayoría de los padres representa alegría pero también sentimientos de nostalgia y tristeza. Atrás quedarán las idas a dejar al colegio, a los cursos extracurriculares, las carreras porque olvidó un libro, las citas con su primer amor, las celebraciones por unas buenas notas o la comedera de uñas por la fecha de un examen.
Por más mentalizados que puedan estar los padres y convencidos de que estudiar en el extranjero es una oportunidad para sus retoños, saber que ya no estarán ahí, en casa, compartiendo triunfos y fracasos, que ya no habrá más solicitudes de permiso para salir los viernes, de estar pendiente a qué hora regresan, o de dinero para la gasolina, para un jeans o zapatos, arranca más que un suspiro.

¿Y si ya no regresan?

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A todo esto hay que sumarle la incertidumbre por saber si finalizada la carrera que los hijos eligieron, regresarán a su país. Los planes en la marcha pueden modificarse pero ni modo, toca apoyarlos pues ya se trata de su vida y no de la nuestra.

Razón tenía el poeta Kahlil Gibran al decir que tus hijos no son tus hijos son hijos e hijas de la vida deseosa de si misma. No vienen de ti, sino a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen. Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos, pues, ellos tienen sus propios pensamientos. Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas, porque ellas, viven en la casa del mañana, que no puedes visitar ni siquiera en sueños.

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