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Economía, Iniciativa empresarial — octubre 2, 2016 at 10:02 pm

Agricultura sin tierra

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Foto: Dafne Pérez - CP

Foto: Dafne Pérez – CP

Planesa recogió la primera cosecha de arándanos del país. Lo hizo gracias a una tecnología en la que la fertilidad del suelo dejó de ser importante.

Esta nota fue publicada el 16 de septiembre de 2016 en la edición 169.

Roberto Castañeda camina entre las hileras de bayas sembradas en el invernadero experimental de la finca El Injertal. El presidente de Planesa –un grupo guatemalteco con inversiones en México y Estados Unidos– apostó por la hidroponía y hoy cultiva arándanos, fresas y frambuesas en costales y macetas rellenas de corteza de coco.

Se trata de una tecnología en la que la tierra es sustituida por un material inerte que soporta las raíces. Los nutrientes son disueltos en agua y administrados por medio de pequeñas mangueras instaladas en cada costal o maceta. Esto es útil en áreas infértiles o de topografía escabrosa, y permite aumentar el volumen y la calidad de la producción. Las plantas permanecen hidratadas, producen todo el año y, si enferman, pueden ser retiradas con facilidad.

Planesa invirtió US$100 mil en un pozo y un sistema computarizado de riego, que cuenta con una estación meteorológica. De tal suerte que el agua es distribuida en las cantidades y la periodicidad que requiere cada baya, de acuerdo con las condiciones ambientales. “Quería cultivar arándanos. Pero los suelos del país no tienen las propiedades necesarias. La planta no tiene una raíz pivotal que la soporte, sino fasciculada. Probé a preparar la tierra, pero salía muy caro. Así que intenté con hidroponía y dio resultado. La idea es sustituir poco a poco las siembras en tierra”, dice Castañeda.

Los proyectos de Planesa no terminan allí. El grupo decidió suministrar, de forma gratuita, el agua que extrae de su nuevo pozo a las parcelas vecinas, a cambio de que sus propietarios sustituyeran sus cultivos de maíz por bayas. “Son siete agricultores. Preparamos sus tierras con nuestros tractores, les damos las semillas, el mulch y capacitación. También instalamos un sistema de riego que pagarán en tres cosechas”, indica el empresario.

La estrategia no solo garantiza a Planesa que la fruta cumpla con los requerimientos fitosanitarios y de calidad exigidos en Estados Unidos y Europa, sino también genera empleo. Ahora los propietarios de las parcelas contratan mano de obra. “Les compramos a precio fijo porque nosotros vendemos a precio fijo a cadenas de supermercados en Estados Unidos y Europa, y les pagamos semanalmente”, explica Castañeda.

Planesa instaló, además, una planta de empaque en San José Poaquil, a la que llega la cosecha de 26 de los 32 proveedores. La medida redujo del 25 al 1 por ciento el volumen de bayas que incumplían con los estándares internacionales y debía ser desechado. “Antes traíamos todo a San Andrés Itzapa. Pero los caminos son tan malos, que la fruta se maltrataba”, advierte el empresario.

Castañeda considera que, si las autoridades replicaran la estrategia de Planesa y dejaran de distribuir fertilizantes, impulsarían a los pequeños y medianos agricultores. Apostar por la hidroponía y por los sistemas de riego permitía aprovechar las zonas áridas, aumentar las cosechas y las exportaciones. 

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