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Así me convertí en... — octubre 2, 2016 at 9:00 am

Así surgieron Las Cien Puertas

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Las Cien Puertas nació en 1996 como restaurante, cuando Mayra tenía 33 años. En ese entonces vendían almuerzos a Q8. Su menú actual incluye platillos mexicanos, españoles, cubanos y nacionales. Escrito por Ximena Enríquez, a partir de la entrevista con Mayra Jiménez.

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Era 1996 y tras cinco años de exilio en México, regresamos a una Guatemala en la que había mucha esperanza. La firma de los acuerdos de paz permitió que la gente volviera al país con mayor seguridad, y nosotros queríamos abrir un restaurante para aquellos que retornaban.

Comenzamos a buscar un espacio para hacerlo y Carlo, mi esposo, se fijó en este local en el Pasaje Aycinena en zona 1. El lugar estaba abandonado y sucio, pero tuvimos fe y lo rentamos. El piso estaba inmundo y nos tomó meses de limpieza para finalmente descubrir cuál era su verdadero color. Comenzamos a pensar en un nombre para el restaurante y fue la Tía Vilma –mi suegra– quien lo bautizó “Las Cien Puertas”. Ella se inspiró en El señor presidente de Miguel Ángel Asturias, donde llaman al pasaje de esa forma.

Abrimos y comenzamos a recibir gente. A los pocos meses, mi esposo me preguntó si esto era un comercio o un lugar de beneficencia, puesto que cada vez que un indigente aparecía, yo le daba un plato de comida. Nunca les podía decir que no. Así fue como conocí a Giovanni Pinzón, de Bohemia Suburbana, quien un día vino acompañando a un amigo, el Judas, venía cubierto de rastas y no podía pagar. Lo alimenté sin imaginar quién era y me pagó pintando las mesas.

A diferencia de otros comercios, cada mesa aquí tiene un nombre. La que se encuentra en la entrada se llama Camino, porque está al lado de un cuadro que muestra el camino al cielo y al infierno. Otras fueron nombras por su color, la verde, la negra, y solo tres tienen número: la 2, 5 y 7.

No obstante, el concepto evolucionó y dejó de ser exclusivamente restaurante para convertirse en bar, cafetería, espacio de diálogo y de arte. Por aquí han pasado algunos de los poetas, artistas, escritores, músicos y líderes políticos más grandes del país. Han encontrado una casa y una familia en Las Cien Puertas.

Comenzamos a pensar en un nombre para el restaurante y fue la Tía Vilma –mi suegra– quien lo bautizó “Las Cien Puertas”. El señor presidente de Miguel Ángel Asturias, donde llaman al pasaje de esa forma.

Las paredes están cubiertas de mensajes que han dejado nuestros clientes a lo largo de casi dos décadas. Esta tradición comenzó en 1997, el día en el que se reunieron aquí Giovanni Pinzón, el fotógrafo Marlon García y un grupo de mexicanos. La pasaron muy bien, Marlon tomó muchas fotos y al finalizar, uno de los mexicanos preguntó si podía escribir un mensaje conmemorativo en la pared. Con aprehensión accedí, y al ver la firma noté que eran los muchachos de Café Tacuba. Después de ellos, cientos de clientes de todos lados del mundo han llenado nuestras paredes.

Mi esposo y yo somos los fundadores, junto con la Tía Vilma, pero realmente este es un negocio familiar. Todos hemos puesto nuestro grano de arena, y ahora ya le he pasado la estafeta a mi hija Stef y a mi yerno Manuel. Pero no me puedo separar del lugar, estas paredes guardan muchísimos recuerdos.

Esta construcción tiene 150 años y por eso espantan. Hemos tenido más que suficientes encuentros sobrenaturales, a veces en la cocina escuchamos cómo se abren las puertas o suenan llaves y no hay nada. La Tía Vilma y sus hermanas fueron asustadas en un par de ocasiones por un fantasma, una mujer de blanco que las acompañaba mientras esperaban al taxi en altas horas de la noche. En otra ocasión recibimos llamadas del local a las 3 a.m., pensamos que era algún borracho que se había quedado encerrado, pero no. Era alguna fuerza sobrenatural.

En otra ocasión fuimos demandados. Una notificación de la Fiscalía de Propiedad Intelectual nos citó por vender Choripanes. No sabíamos que ese nombre estaba registrado y entonces lo rebautizamos “el innombrable”. Y esas son algunas de las cientos de anécdotas y conversaciones que tenemos con nuestros clientes a diario.

Aquí hemos vivido la transformación de la zona 1, hemos visto pasar la etapa de los bohemios, los roqueros y los reggaetoneros, pero nosotros no cambiamos nuestro estilo. Aquí se escucha trova, jazz y música cubana.

Otros datos de Las Cien Puertas

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  • El fin de la guerra marcó el inicio de uno de los bares más emblemáticos de la zona 1. Este comercio, que celebra su vigésimo aniversario, ha sido el refugio de artistas, activistas, políticos, líderes sindicales y ciudadanos que buscan un espacio cómodo y seguro para pasar un buen rato, compartir ideas y unas copas.
  • Mayra y Carlo salieron al exilio porque ella era dirigente sindical en la Universidad Rafael Landívar y él, integrante de la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU) en la San Carlos. No se sentían seguros en el país y prefirieron salir por una temporada.
  • La pareja tiene dos hijos: Stef y Pavel. El menor nació en México durante su exilio. Además, ya cuentan con tres nietos. Todos los integrantes de la familia trabajan en el negocio, incluyendo a la madre de Carlo, apodada Tía Vilma, y sus hermanas.
  • Algunos de los clientes más famosos de las Cien Puertas incluyen al escritor Javier Payeras, los integrantes de La Tona, Giovanni Pinzón de Bohemia Suburbana, el pintor y fotógrafo Marlon García, el escritor Maurice Echeverría, el líder campesino Daniel Pascual y el artista Benvenuto Chavajay.

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