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Fernando Carrera, Opinión — octubre 4, 2016 at 7:18 pm

El No en Colombia: mitos y realidades

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La victoria del No en el plebiscito sobre los Acuerdos de Paz en Colombia, sorprendió al mundo entero, incluidos los propios colombianos.

 

(AP Photo/Fernando Vergara)

(AP Photo/Fernando Vergara)

Las encuestas vaticinaban un resultado holgado a favor del Sí, pero diversos factores se combinaron para revertir esa expectativa. La sorpresa ha traído una serie de comentarios y análisis procurando explicar lo acontecido, pero en dichos análisis se mezclan los mitos con las realidades de una manera que confunde en vez de aclarar el panorama.

Un mito muy difundido es el de la clásica falacia de composición: tomar la parte por el todo. En este caso la falacia consiste en decir que los votantes por el No, que apenas superaron al Sí por 50 mil votos (0.4 por ciento de 13 millones de votantes), representan la opinión de todos los colombianos. Para ponerlo en perspectiva, los votantes por el No constituyeron el 50.2 por ciento de los votos válidos, de un total de 37 por ciento de participación. Esto indica que tan solo el 18.5 por ciento del electorado colombiano optó por el No. Sin embargo, los titulares de noticias se despacharon frases como “Colombia dice No”, “Colombia opta por el No”, o peor aún “Colombia le dice No a la Paz”. Falacia de composición: tomar la parte por el todo.

Un segundo mito es que el expresidente, hoy senador, Álvaro Uribe tiene el apoyo de la mitad de los colombianos para sentarse a negociar nuevamente los Acuerdos de Paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Lo cierto es que un porcentaje de los que votaron por el No son antiuribistas y no consideran al senador Uribe como su vocero. Eso no impedirá, ni tampoco cuestiona, que el uribismo tenga ahora una silla en la mesa de negociaciones, pero pone en perspectiva el verdadero poder de esa tendencia política colombiana en el escenario del conflicto.

Otro mito indica que Uribe quería que ganara el No para poder torpedear el proceso de paz y meter a la cárcel a los guerrilleros de las FARC. Como ha quedado demostrado después del plebiscito, Uribe realmente quiere ser protagonista del proceso de paz en vez de querer torpedearlo. Y de inmediato ha ofrecido a las FARC condiciones seguras para su incorporación en la vida política, incluyendo algunas garantías de que no rendirán cuentas ante la justicia.

Y finalmente, existe el mito de que el fracaso del Sí significa el fracaso del proceso de paz. Nada más falso e ingenuo. Ni Juan Manuel Santos, ni Uribe, ni las FARC están interesados en volver al conflicto armado. Y otros grupos, como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), incluso tienen ahora la oportunidad de sumarse a la mesa, ampliando el número de actores cuyas voces y protagonismo son esenciales para una paz firme y duradera.

Así que el proceso de paz no es la víctima del plebiscito. En cambio, una realidad ineludible es que el gran perdedor de la jornada es el presidente Santos, cuyo liderazgo y protagonismo histórico queda ahora en cuestión. La historia en su momento le dará el lugar que le corresponde en el gran orden de las cosas, pero por el momento es muy probable que el presidente colombiano que firme los acuerdos finales sea el que salga electo en junio de 2018.

Otro hecho real es que los que cuestionaron los Acuerdos debido al capítulo sobre justicia transicional, tienen ahora menos posibilidad de influir en el resultado. La presencia de Uribe en la mesa es una invitación a pactos ampliados de impunidad, y será difícil aplicarle duramente la ley y la justicia a las FARC, cuando uno de los actores más importantes en la mesa desea que se olviden los crímenes del pasado.

Conclusión: la paz goza de buena salud en Colombia y el proceso de negociación está lejos de estar enterrado. Pero probablemente el presidente Santos no se bañará en las luces de gloria firmando el acuerdo final. Y la impunidad por los crímenes y las violaciones a derechos humanos, tiene ahora un nuevo defensor en la mesa de negociación: Álvaro Uribe.

Como diría El Quijote: “Cosas veredes, Sancho amigo”.

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