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Columnas, Opinión, Roberto Ardón — octubre 13, 2016 at 7:00 am

El novus ordo público

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En el billete de dólar aparece un pequeño símbolo con una inscripción en latín que dice “Novus ordo seclorum”. Este curioso detalle, que pasa desapercibido incluso para los propios estadounidenses, evoca una alegoría introducida en el gran sello de los Estados Unidos por las logias vinculadas a la Independencia americana, celebrando claramente la aparición de un nuevo orden mundial.

De acuerdo a los entendidos en la materia, tanto la Revolución Francesa como la Independencia americana significaron un nuevo período político y social basado en la razón y en la ilustración, que ponía fin a lo que ellos consideraban un orden arcaico y oscurantista. Menciono este asunto para recordar que los guatemaltecos estamos viviendo momentos en los que podemos afirmar que tenemos un nuevo orden de cosas a la vista.

Foto: Archivo

Foto: Archivo

Con movimientos muy dinámicos en el ambiente político que sustituirán a las viejas estructuras partidarias; con una nueva ética en el mundo de los negocios públicos y privados; con modalidades y medios de informarse que ya no tienen nada que ver con los canales de comunicación tradicionales, estamos claramente en un período de turbulencia y cambio, que augura un nuevo orden.

Sin embargo, estamos en una época en que lo nuevo no termina de nacer y lo viejo no termina de morir. Hay algunos temas en los que percibimos más claramente la dirección en la que se camina. Pero hay otros que no. Me refiero a la gestión pública.

Luego de un vendaval de acciones legales que han alcanzado a redes muy poderosas de corrupción, ha quedado en el ambiente un modo de activismo jurídico muy particular, caracterizado por la investigación y la denuncia a cualquier funcionario público.

Esta lógica está motivada por dos factores muy poderosos: por un lado, el ser parte de un nuevo universo de héroes que señalan y persiguen a quienes mal actúan, pero por el otro, a un mecanismo de defensa terriblemente perverso que parte de la premisa de “primero denunciar antes que ser denunciado”.

Lo cierto es que uno u otro caso, la denuncia y la investigación están llegando en partes iguales a funcionarios corruptos y a burócratas mediocres, pero también a buenos servidores públicos que ya no saben en cuál pie están parados cuando se refiere a firmar o autorizar documentos.

En esta situación se percibe ya una paranoia institucional que se traduce en paralización. “Ante la duda, abstente”, pareciera ser el consejo que le llega a los funcionarios y por esa ruta tenemos varada la administración pública. Es tiempo y momento de que abordemos esta faceta del bien hacer gobierno, porque de no atenderla no quedará nadie con dos dedos de frente que quiera hacer en el futuro, gestión pública.

En este sentido, propongo que se abra un debate sobre los mecanismos efectivos de rendición de cuentas, de manera que cualquier persona que aspire a un cargo público, disponga de los mecanismos que le permitan cumplir su labor en forma sencilla y apegada a la ley, y entregar su cargo sin demora ni complicación administrativa.

En un reciente foro en el que participé, se discutía el futuro de los partidos políticos, se preguntaba: ¿cómo hacemos para que más personas entren a la política? Esto no se podrá responder si antes no somos capaces de responder a una pregunta previa: ¿cómo hacemos para que las personas salgan bien libradas de la política, es decir que quien haga bien las cosas conozca y pueda completar su ciclo de servicio público sin complicación, revancha o enredo?

Cuando esto lo hayamos resuelto, podremos decir entonces que habremos alcanzado finalmente el “nuevo orden” público.

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