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Contraluz, Cultura — octubre 15, 2016 at 10:36 am

Animémonos

por

 

Dory

 

De las películas animadas yo les voy a decir esto: sirven mucho cuando uno está de luto.

 

Porque cuando uno está de luto uno no puede absorber, ni digerir, materiales muy pesados. Cuando uno está de luto no conviene ponerse a ver películas de Lars Von Trier. En momentos así, nuestro sistema solo tolera liviandades.

 

Así que estos días, después de la muerte de una amiga, han sido para mí días de ver el Disney Channel y todos esos demás canales de cartoons en el cable, que normalmente nunca miro. Me la he pasado viendo películas tipo Kung Fu Panda o Brave o Cómo entrenar a tu dragón.

 

Algo me dijo que en toda esa inocencia iba yo a encontrar una manera de consuelo. Y de hecho así fue (por supuesto ciertos inframundos de la muerte simplemente no tienen consuelo, son densos, son atroces y son criminales).

 

Alguien podría argumentar que en esta actitud televisiva mía hay una pauta regresiva, una evasión. Después de todo, no tengo diez años, sino cuarenta. Sin embargo, las animaciones no son privativas de una edad particular y además no he estado evadiendo nada. He recibido todo ese sufrimiento como viene, con el corazón abierto, aún si a ratos he sentido que este pellejo, esta nimiedad de tendones y carne caerá desmayado bajo el relámpago de la realidad.

 

¿Evadiendo, pues? Nada de eso, ni considero que ver animaciones sea inmaduro o freak. A veces es nuestro niño interior el que requiere salir de esa noche en donde lo tenemos encerrado. En toda la amplia tierra, no hay nadie que merezca más atención que nuestro ichoquito interior.

 

Habiendo dicho lo que dije en el párrafo anterior, quiero decir otra cosa. Puede que las películas animadas sean una cosa de humor y muy aéreas, pero eso no las hace frívolas. Miren ustedes las películas animadas de hoy: tratan tópicos extremadamente delicados, desde la codependencia al calentamiento global, desde la discriminación a la muerta misma, entre una miríada de otros temas. Y traen consigo grandes mensajes y enseñanzas, cada vez más sofisticadas, y ya sin moralismos o convencionalismos idiotas. Recuerdo cuando vi Inside Out, casi me puse triste: ¿por qué estos filmes no existían cuando yo era niño? Me hubieran ahorrado un montón de taras, de bloqueos, de problemas.

 

En fin. El 2016 trae consigo materiales que prometen ser encantadores, películas como Kung Fu Panda 3, Zootopia, o Buscando a Dory. Si estamos tristes, si nuestro estado interno está desintegrado, si nos sentimos llenos de mercurio oscuro, si estamos como desorientados, porque alguien querido ha muerto, quizá deberíamos ponernos a ver una animación, quizá deberíamos animarnos.

 

 

facebook.com/maurice.echeverria

contraluminoso.blogspot.com

 

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