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Blog de Mamá, Blogs — octubre 26, 2016 at 4:16 pm

Amenaza de mal de ojo

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Viene el tema luego de
 que la Ministra de Salud, Lucrecia Hernández, anunciara que en los centros de salud
 se atenderá el mal de ojo y también el estar chipe.

Foto: Archivo/Contrapoder

Foto: Archivo/Contrapoder

Tuve mi primera hija a los 28 años y admito que de los quehaceres de una mamá, poco sabía. Mi madre que me ayudó en la crianza,
era la experta con cuatro hijos y desde entonces supe del mal de ojo. Ella era tan estricta que no dejaba que persona alguna viera a la niña sin que esta portara su pulserita de coralitos rojos.

¡Ja! Me decía mi mamá, eso existe –el mal de ojo– yo
 he visto casos, armaba. Yo, tal ignorante, no la contrariaba y pensaba que con que la bebé portara la pulserita roja, ni me quitaba ni me ponía. Hubo una oportunidad en que según mi mamá le hicieron mal de ojo a la niña y tuvo que curarla pasándole un huevo por todo el cuerpo, el que supuestamente después salió cocido. Diecisiete años después, inesperadamente y por equivocación en las cuentas tuve mi segundo bebé. Entre los regalos que me dieron hubo dos pulseritas rojas: una que me regaló un colega y la otra, de quien creen, de mi mamá.

El colega me dijo que había viajado a la provincia y vio las pulseras, así que me 
la trajo; que él no sabía, pero que por si yo creía… Mi madre sí, muy convencida de los beneficios del brazalete. Esta vez le comenté que yo no era de esa corriente del mal de ojo, “eso sí existe”, me repostó. “Si no querés ponérsela en la muñeca, cuando lo saqués de casa guardásela entre una bolsita, en su ropa”, me aconsejó.

Los que no creen

Ella hasta me alertó que si alguna mujer en su periodo menstrual llegaba a ver a mi bebé, debía cargarlo para evitar el mal de ojo. También que no permitiera que algún bolo lo viera. ¿Y si es mi marido el que de vez en cuando se echa los tragos? Me imaginé preguntando a cada una si se encontraba en esos días. Mi esposo, que es del viejo continente, me manifestó que él no creía y que en su país eso no existía y ahí están los niños.

Y que lo del huevo cocido, si se lo paso a un carro que esté afuera expuesto al sol, saldrá igual.

Viene el tema luego de que la ministra de Salud, Lucrecia Hernández, anunciara que en los centros de salud se atenderá el mal de ojo y también el estar chipe. Por cierto, el otro día mi bebé estaba chupándose la manita y mi mamá inmediatamente comentó: “No vas a estar chipe mijo”.

Al principio leí los comentarios contra la medida
 de la ministra, después escuché su argumento y me pareció válido, es una forma de atender y escuchar a miles de madres que están convencidas del mal de ojo y de estar chipe, de manera que se pueda determinar qué está afectando al niño o niña y recetarle.

Uno de mis ginecólogos, Oscar Chaclán, sostiene que la medicina ha evolucionado a pasos agigantados que darle el nombre correcto a las enfermedades es mundialmente conocido y que el Instituto Nacional de Ciencias Forenses de Guatemala (Inacif) jamás va a emitir una partida de defunción armando que alguien murió por mal de ojo o por estar chipe.

Aún tengo los dos brazaletes rojos. El primero no
 se lo pude poner porque
el broche le lastimaba; el segundo, estaba grande. A sugerencia de mi mamá, bebo una agüita de alucema para la producción de leche y tomando algunos atoles, al final de cuentas no me hacen daño; pertinencia cultural, le dicen.

 

 

 

 

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