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Blog de Mamá, Blogs — noviembre 3, 2016 at 2:02 pm

Alegrarme por el bien de los otros

por

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En una cultura “yoyista” debemos retomar el valor por la apreciación ajena.

¿Por qué tenemos que
 enseñar a nuestros 
hijos a interesarse en lo que no los incluye?
Porque no queremos 
una sociedad narcisista, porque los problemas se resuelven más fácilmente (y mejor), si
nos interesamos por lo que
 le ocurre a los demás (sobre todo, a quienes son diferentes a nosotros).

Es algo que se ve sencillo, pero es trascendental.

Un ejemplo banal. Todos conocemos
 a alguien así: desinteresado (o poco interesado) por todo en lo que no está involucrado. Alguien narra una historia, y si él no fue parte del evento, no participa en la conversación. O peor aún, para “ser parte” de la historia, cuenta que él conoce a un primo, amigo o tío, etcétera, al que le ocurrió “lo mismo”.

De verdad, ¿tan difícil es simplemente prestar atención y disfrutar de la historia ajena?

Parece algo trivial, y probablemente en este ejemplo lo sea, pero ¿qué pasa cuando hablamos de este tema en otra escala? ¿Qué pasa cuando hablamos de niños poco interesados en la realidad de otros en el país? ¿Cuáles son las consecuencias de no enseñarles que es importante prestar atención a las “historias” (noticias) ajenas? ¿Por qué no les estamos enseña do que es importante interesarse por lo que ocurre fuera de nuestro campo de visión?

Estamos, entonces, criando a una sociedad de personas interesadas únicamente en el bien personal. Y no, no creo que pensar en el bien personal no aporta necesariamente el bien general como consecuencia automática. Es cierto, primero debemos buscar estar bien para poder ayudar a los demás, pero muchas veces nos quedamos en la primera parte de la premisa. Aunque soy defensora de mi generación (los millennials más “viejitos”), creo que hemos perdido mucho de ese interés genuino por los demás.

En una cultura “yoyista” debemos retomar el valor por la apreciación ajena. “La grama siempre es más verde del otro lado”, dicen. Pero, ¿por qué no podemos alegrarnos de vez en cuando porque así lo sea? ¿Por qué no enseñamos a nuestros hijos que las cosas que no los incluyen, no son intrínsecamente malas o aburridas? Debemos enseñarles que pueden alegrarse por la piñata de su amigo a la que no pudieron asistir; también a entristecerse por la situación difícil de otros en su país y fuera del mismo. Necesitamos que aprendan a alegrarse por el éxito y las experiencias positivas de los demás. Hacerles ver que la alegría y felicidad no siempre se obtienen de la satisfacción propia, sino también de verla en otros.

Nos preocupamos por criar hijos competitivos e independientes; y no creo que eso esté mal, pero a veces creo que por enfocarnos en esas cualidades dejamos otras de lado.

¿Qué pasó con la empatía? ¿La humildad? Porque convertimos a nuestros hijos en una estantería de trofeos y medallas, y nos olvidamos de enseñarles que también a veces es bueno ser espectador.

Retomemos, y mostrémosles no solo la grandezas de brillar, sino también el valor de ayudar a que otros brillen.

 

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