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Carroll Ríos de Rodríguez, Columnas, Opinión — noviembre 3, 2016 at 7:00 am

Temor y parálisis

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Las conversaciones se tornan sombrías porque la gente ya vive lo que los economistas empiezan a perfilar: la economía se estanca.

La Junta Monetaria ajustó su predicción de crecimiento económico para el 2016 de un máximo de 3.9 a 3.7 por ciento del producto interno bruto (PIB). Aparentemente, la desaceleración es un fenómeno regional no solo nacional, pero, aún así, República Dominicana, Panamá, Nicaragua y Costa Rica probablemente crecerán a un ritmo mayor que Guatemala. ¿Qué ahuyenta la inversión en nuestro país? Los guatemaltecos enfrentamos dos amenazas: la violencia impune e interminable y un revanchismo antiempresarial.

Foto: Luis Soto/Contrapoder

Foto: Luis Soto/Contrapoder

Las maras criminales extraen entre Q5 mil y Q40 mil al mes en extorsiones a dueños de negocios medianos y pequeños. Quienes no logran pagar o huir, enfrentan temibles secuestros y asesinatos. Paralelamente, agrupaciones de inclinación socialista –como el Comité de Desarrollo Campesino (Codeca), el Comité de Unidad Campesina (CUC), y el Frente Nacional de Lucha (FNL)–, organizan frecuentes marchas y bloqueos que impiden la libre locomoción y frenan el comercio, provocando millonarias pérdidas.

Además, se acusa a dichas organizaciones de robar energía eléctrica, mas no reciben castigos por hurto ni por quebrantar el orden público. Por si fuera poco, se vulnera rutinariamente el derecho a la propiedad privada en el campo. Humberto Preti denuncia que, tan solo en este año, 25 propiedades en el área de Río Dulce-Polochic fueron invadidas. Los asaltantes destruyen empleos, cultivos e infraestructura; elevados costos recaen sobre los dueños, los empleados y los consumidores de los bienes allí producidos.

Y los desalojos se ejecutan tarde e ineficazmente. En tanto, actividades lícitas como la minería y el cultivo de palma africana, son vilipendiadas y entorpecidas; el desempeño del sector minero decrecerá en aproximadamente 6.7 por ciento.

Por otra parte, se tergiversan los populares reclamos ciudadanos en contra de la corrupción, ya que algunos fiscales del Ministerio Público y agentes de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) dan igual trato a personas generalmente honradas y a descarados bandidos.

El lamentable deceso de Pavel Centeno, exministro de Finanzas, evidencia la psicosis difundida. Muchos compatriotas se desvelan atormentados, anticipando órdenes de captura y vergonzosos encarcelamientos, así realicen negocios sucios o no.

Chivos expiatorios guardan prisión preventiva, junto con la podredumbre. ¿Qué persona medianamente honorable se arriesgaría a ocupar un cargo público o asesorar al gobernante de turno? ¿Quién emprende hoy una aventura empresarial o expande sus operaciones, si en cualquier instante lo pierde todo, tras ser acusado de corrupto o evasor?

Al empeorar la situación, las personas de bien consideran seriamente escapar del acoso y la violencia: sacar su capital y sacar a sus familias; irse legales o mojados… Se apaga la esperanza de detectar oportunidades y forjar un mejor futuro en estas tierras.

Estamos matando a la gallina de los huevos de oro. La lucha por la transparencia debe seguir, claro está, pero no es justo ni útil rotular, exante, a todo político y a todo empresario de mafioso. Unos mercantilistas y unos políticos abusaron del poder político, movidos por el ansia de amasar fortunas personales a las cuales no podrían optar si compitieran libremente en el mercado.

La solución es construir una institucionalidad propia de un Estado de derecho, con garantías personales, igualdad ante la ley, respeto a la propiedad e inviolabilidad de los contratos. Debemos estimular el crecimiento económico en lugar de sembrar incertidumbre y pesimismo.

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