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Perfiles, Vida en rosa — noviembre 5, 2016 at 12:00 pm

Rulotoon, un chistoso virtual

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Con sus ocurrencias en
 las redes sociales, este dibujante ha ganado más de 100 mil seguidores.

Foto: Luis Soto - CP

Foto: Luis Soto – CP

“Me gusta ser famoso”, fue lo primero que dijo Rulo al hacerle la entrevista, con cierta timidez pero seguro de su deseo. Desde pequeño, afirma, le gustaba sobresalir en todo especialmente en lo que se tratara de dibujar. “Me ponía a esbozar en el pizarrón, a contar historias chistosas (algunas vulgares) y todos me miraban. Eso me gustaba”. Su nombre real es Óscar Echeverría y su edad es un misterio. El nombre de su personaje, Rulotoon, surge cuando estaba en el colegio: le decían rulos por los colochos de su pelo. Y así se quedó.

En la actualidad, totaliza 105 mil 585 seguidores en sus redes sociales, desde donde comparte caricaturas con mensajes graciosos o nacionalistas. También hace retratos en espacios como Paseo Cayalá, los sábados y los domingos. Es bachiller en Diseño Gráfico, se graduó en la Escuela Técnica de Guatemala (Etia), de la zona 7, pero no siguió en la universidad.

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“No, no le tengo un nombre a mi profesión. Solo sé que soy Rulo y ya. Me contratan para dibujar”, afirma. Descubrió que tenía talento a los 4 años. Era tan inquieto que
 su mamá, por recomendación del pediatra, le compró marcadores y crayones de madera, y lo sentó para que canalizara su energía. Su primer dibujo fue Garfield. Lo hizo a mano alzada y le quedó igual. “Mi mamá, incrédula, me preguntó si alguien me lo había hecho, porque yo estaba muy pequeño. No creía que tenía esa habilidad, pero se dio cuenta de que así era. Hasta la fecha, conserva el dibujo del gato”.

Deseaba ser payaso

Con el paso del tiempo intentó ser actor y no tuvo el don, intentó ser payaso y no daba risa. Quería ser igual que sus amigos, quienes se dedicaban a hacer malabares. Por eso empezó a practicar para ser payaso, a hablar frente a la gente, pero no 
se reían. “Fui a varios eventos y me decepcioné de mí mismo”, recuerda, hasta que un señor, quien tenía una pequeña revista, lo motivó a realizar ilustraciones. Le pidió algo de Guatemala y su propuesta fue una camioneta extraurbana llena de personas. Tuvo éxito. Con ese dibujo, que se compartió solo 30 veces, comenzó su página Rulotoons a finales de 2012. Al principio, no “jalaba” gente, pero él quería ser tan famoso como esas páginas de chistes mexicanos que seguía y tenían un millón de followers. “Ponía algunas cositas, apenas tenía 50 fans y nada de likes.

No tenía Twitter, ni Instagram, solo Facebook. Así que pedía likes en diferentes páginas o en los eventos a los que me invitaban, llegué a 200 seguidores”. Fueron dos las ilustraciones que lo impulsaron en Facebook: una de Tecún Uman con
 la frase: “Antes muerto que esclavo serás. Feliz 15 de septiembre Guatemala” y otra, un mapa de San Marcos abrazado de Guatemala porque estaba herido y el país lo consolaba (fue después del terremoto de 2012). Su fan page creció: pasó de 50 personas a dos mil followers. “Así entendí cómo funcionaban las redes. Me di cuenta de que la gente solo comparte algo que le importa o con lo que se identifica”.

No le pagan por likes o por retuits. Gana dinero porque vende dibujos
o playeras con sus ilustraciones más populares –que son los shucos y chuchitos calientes–, todo a través de Internet. Las empresas de publicidad y las oenegés se acercan a él para que les realice campañas de educación o salud. “Vivo de esto. En mi caso, los dibujos son los que van y buscan el trabajo por mí”.

No sabe si ha hecho mil o dos mil imágenes, porque todos los días comparte algo para sus seguidores. Hay épocas que no publica nada, descansa. Preparar cada dibujo le lleva 10 minutos. Primero lo hace a mano, luego lo digitaliza y cuando está listo, lo sube a la red.

Lo cotidiano, su inspiración

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Su principal inspiración es el entorno, las cosas que escucha. “Solo me salen cosas chistosas, tonteras. Así como hice uno que dice: “Me lleva la gran chucha”, para decir que nos está yendo mal. Fue algo que oí en una cafetería, hice un bosquejo rápido a lápiz y guardé la idea. Ahora, la imagen ya está plasmada para las generaciones que vienen”.

“No me da vergüenza ser quien soy. Se podría decir que soy un payaso virtual, no escribo malas palabras, no me gusta la risa barata. Me gusta el humor inteligente, hacer reír sin tener que decir groserías”. No piensa mucho en el futuro, vive el día a día. Lo que sí quiere, es establecer una pequeña empresa de souvenirs y de playeras que lleven sus dibujos. “Quiero seguir creciendo en Internet. Me gusta crear contenido y que la gente se divierta con lo que hago. Siempre me gustó ser el foco de atención. Quería ser famoso en algo, pero no sabía en qué… lo descubrí con un lápiz y un papel”.

 

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