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Columnas, Juan Luis Font, Opinión — noviembre 10, 2016 at 7:00 am

La victoria sobre Taracena

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Los diputados han jugado a perder. Y el presidente Morales, que juega al mismo juego, ha sido de ayuda.

Foto: Luis Soto/Contrapoder

Foto: Luis Soto/Contrapoder

No le hicieron un favor al diputado Óscar Chinchilla ni al presidente Jimmy Morales los sindicalistas del Congreso que quemaron cohetes al cabo de la elección de la planilla oficialista en el Legislativo. Tampoco se ayudan a sí mismos.

Los sindicalistas tienen muchas razones para detestar a Mario Taracena, del mismo modo que lo detestan tantos diputados como votos obtuvo Chinchilla, el antiguo compañero de colegio del presidente Morales.

De los más de 500 incidentes de despido que Taracena ha hecho presentar ante juzgados de Trabajo (emplazado judicialmente como está, el Congreso no puede despedir a ningún empleado sin autorización de juez), más de 200 han sido respondidos ya a favor. Quizá los sindicalistas  confíen en que con la ayuda de los amigos magistrados de la nueva junta directiva se podrá revertir estas resoluciones para ser reubicados en sus puestos, pero el costo de imagen es de gran calibre. Lo es para magistrados y para diputados. Chinchilla no podrá devolver al Legislativo al antiguo régimen de contrataciones antojadizas como parte del botín de los diputados sin enfrentar la condena pública.

Y tampoco podrá administrar con ninguna holgura el rechazo de sus electores a la reforma constitucional al sistema de justicia, a la Ley de Competencia o a la Ley de Agua. Lo más probable es que muy pronto se vea el diputado Chinchilla confrontado a quienes impulsan estas iniciativas (la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), el Ministerio Público (MP) y la embajada de Estados Unidos) o a sus diputados amigos que recién le escogieron para abanderar sus intereses.

En ese caso, tampoco al Presidente de la República le bastará de nuevo con lavarse las manos diciendo que él hizo cuanto pudo pero que los diputados se fueron por la libre. Esta vez ha quedado claro que el gobernante condujo la elección en el Congreso de la mano del antiguo Partido Patriota y partido Lider y cuanto salga de la nueva junta directiva supondrá un costo para él.

En comparación con Chinchilla, Oliverio García Rodas fue más vivo. Al darse cuenta que la reforma constitucional era un asunto de absoluta prioridad y cero margen de negociación para el poder real en Guatemala, prefirió inhibirse sabiamente. ¿Para qué correr el riesgo de quedar mal con sus amigos del sector empresarial? ¿Para qué indisponerse con la misión de Estados Unidos o la CICIG? Este no era el mejor momento para asumir la conducción del Legislativo. Ya llegará otro, si llega.

A Chinchilla en cambio costó poco persuadirlo. Y aunque los oficialistas le han jurado con la mano en el pecho que no se opondrán a la agenda de la CICIG y el MP en materia constitucional ni a la Ley de Aguas ni a la Ley de Competencia, bien sabe cualquier conocedor que cabe la posibilidad de desvirtuarlas mediante pequeñas enmiendas.

De manera que los ganadores de esta semana, el presidente Morales y el nuevo presidente Chinchilla quizá no lo sean tanto a partir de enero próximo. Pero para alivio de quienes quieren poco a la Unidad Nacional de la Esperanza, el partido derrotado esta semana, difícilmente se tornará luego en un gran ganador.

La UNE, cuya secretaria general se rehusó a negociar con el oficialismo la integración de una directiva plural, ha pasado ya a ocupar el puesto de opositor vitriólico. Y los diputados de Sandra Torres saben ser unos opositores taimados, impertinentes, efectivos al final de cuentas para hacerle la vida a cuadritos a quienes ostentan el poder. Pero lo más seguro es que sus protestas, denuncias y ruido terminen abonando a la pésima imagen con la que ya cuenta el Organismo Legislativo entre los guatemaltecos.

Y el riesgo consiste en que, cuando la paciencia de la ciudadanía llegue a colmarse, difícilmente se salve nadie entre quienes hoy celebran una victoria o quienes lloran con despecho la derrota.

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