Gustavo Berganza, Opinión — noviembre 17, 2016 at 7:00 am

El temor es pésimo consejero

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Evitar la prisión para su primogénito y su hermano empuja al presidente a frenar la lucha contra la impunidad

Gustavo Berganza

Faltan pocos días para que veamos a José Manuel Morales Marroquín y a Samuel Everardo Morales Cabrera (más conocido como Sammy) enjuiciados por los delitos de fraude y falsedad ideológica. Si las pruebas son tan sólidas como se ha dicho que las tiene la Fiscalía Especial contra la Impunidad (FECI), el hijo y el hermano del presidente pueden ser condenados a una pena máxima de 10 años de prisión.

Pero, como suele decirse, el proceso y su resolución están prendidos de la cola de un venado, debido a la reconfiguración del panorama político-legal que el 26 de septiembre, con la elección de Silvia Patricia Valdez como presidenta de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), y se acentuó el 8 de noviembre cuando la planilla encabezada por Óscar Chinchilla fue ungida para dirigir el Congreso de la República.

El temor de Jimmy Morales de ver presos a su primogénito y a su hermano mayor y las acciones desesperadas que ha tomado para evitar que vayan a prisión, han propiciado la construcción de un muro que frenará el avance de las reformas al sistema legal, el desarrollo de la institucionalidad democrática y la lucha contra la corrupción.

En el primer caso, la elección de presidenta de la Corte, el presidente Morales no tuvo participación alguna, ya que este evento tiene su propia lógica: el control paulatino que ejercen Blanca Stalling, Vitalina Orellana y Silvia Patricia Valdez sobre la CSJ y el Organismo Judicial (OJ). Stalling, Orellana y Valdez han tomado para sí las cuotas de poder que administraban los defenestrados Vladimir Aguilar y Douglas Charchal. Su poder es de tal magnitud que, se afirma, no hay casación, amparo e, incluso, apelación alguna de relevancia política y económica que se escape a su supervisión. En los plenos, apenas son cuatro los magistrados que votan en contra de los deseos de Stalling, Orellana y Valdez.

Pero si la asunción de Silvia Valdez es un síntoma de la creciente descomposición que se da en el OJ, para Morales representa la esperanza de que el caso judicial que presentará la FECI contra su hijo José Manuel y su hermano Sammy, pueda tener posibilidades de ser entrampado y desestimado. Morales y Valdez presumen ambos de ser amigos. Valdez incluso se ha expuesto defendiendo a Morales en Twitter.

No contento con la garantía que representa tener amigas comprensivas en el OJ, Morales se dejó encandilar por las promesas de control legislativo que le hizo el coronel Herbert Armando Padilla, su exconsejero ad honorem y ahora jefe de facto de la bancada de Frente de Convergencia Nacional (FCN-Nación). Padilla le propuso lanzar una planilla para dirigir el Congreso, con lo cual, le dijo, Morales tendría el control de la agenda legislativa, algo que durante todo este año le había sido arrebatado por Mario Taracena y la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE). En el razonamiento de Padilla, controlar el Congreso le da más posibilidad a Morales de ejercer presión sobre el Ministerio Público y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) para forzar un mejor trato para su primogénito y su hermano.

Lo que no sabemos si el presidente comprende, es que al haber apoyado a la Junta Directiva negociada por Padilla, se acrecienta el poder del bando que desea bloquear la lucha contra la corrupción. A estas alturas, en ese bando ya están agrupados el monopolio de la televisión abierta, los diputados con antejuicio, los militares pendientes de juicio o con proceso en marcha por abusos durante el conflicto armado, los exfuncionarios recluidos en el Mariscal Zavala, sus abogados defensores, muchos de los cuales trafican con fallos y han incidido en postulaciones de jueces y magistrados, empresarios temerosos de ser enjuiciados por defraudación fiscal y personajes con poder económico que no desean que les disputen sus privilegios. Y sectores conservadores que desean hacer fracasar las reformas al sector justicia y detestan a la CICIG, al MP y al embajador Todd Robinson.

Por el temor de que su primogénito y su hermano mayor puedan ir a prisión, el presidente ha favorecido la integración de una alianza que puede frenar los pocos avances que se han logrado en la reforma del sistema político y legal, en la eficiencia de la recaudación fiscal y en la lucha contra la corrupción. Ya ven que mal el que se deja empujar por el temor para gobernar.

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