string(0) "" string(39) "http://contrapoder.com.gt/que-les-pasa/"
Carroll Ríos de Rodríguez, Columnas, Opinión — noviembre 17, 2016 at 7:00 am

¿Qué les pasa?

por

¡Qué sorpresa! El mapa de Estados Unidos se tiñó de rojo republicano, Donald Trump será presidente de Estados Unidos y sus detractores hacen una chocante pataleta.

Foto: Chris Detrick/ The Salt Lake Tribune/ AP

Foto: Chris Detrick/ The Salt Lake Tribune/ AP

Las encuestas anunciaban confiadas la victoria de Hillary Clinton, pero incluso la descomposición por distritos revela una derrota aplastante para el Partido Demócrata. Las incrédulas lágrimas dieron paso a protestas violentas en las cuales, incongruentemente, quemaron la bandera nacional. Circuló una petición dirigida a los colegios electorales para que ellos nombren presidente a Clinton, así como peticiones para reformar las reglas del juego democrático. Algunos californianos contemplan la secesión, o Calexit.

Los catedráticos y administradores universitarios, asumiendo que nadie en su sano juicio podría apostarle a Trump, mandaron dolidas cartas a sus estudiantes y se recetaron el día libre para hacer duelo. El dueño de una compañía pidió la renuncia de sus empleados republicanos, diciendo que en su compañía no hay lugar para misóginos racistas que discriminan.

Allí yace la primera confusión: los candidatos son personas falibles como nosotros, no diablos o ángeles. Los “progres” estadounidenses se congratulan de ser compasivos amantes de la diversidad. Retrataron a Donald Trump como un monstruo, como el odio encarnado, en parte debido a su irreverente discurso. Le temen. A Hillary, en cambio, la tienen por portadora de unidad y tolerancia. Los perdedores demuestran su clara intolerancia en cuestiones ideológicas, políticas y religiosas. Si ellos son educados y cultos, entonces votó erróneamente una bola de deplorables. ¿Quién odia a quién, o quién odia más?

“Cuando el Gobierno se convierte en un repartidor de privilegios, los grupos de presión luchan indecorosamente por arrebatarse el hueso de la boca unos a otros”.

La segunda confusión consiste en idealizar al votante. De berrinchudo perdedor calificaron a Trump cuando se quejó del proceso amañado. Indignados, los “progres” exaltaron las bondades del sistema. Ahora dudan, pues no solo se les cayó Clinton, sino también la diosa democracia. Confiaban en que los votos de los iluminados prevalecerían sobre, o anularían, los votos tontos, pero a sus ojos no se produjo el milagro de la agregación. Las masas no son sabias. En su libro El mito del votante racional, Bryan Caplan explica que los costos de obrar alocadamente en nuestras vidas privadas recaen directamente sobre nuestros hombros. Contrariamente, al votar, nos podemos dar el lujo de ser racionalmente ignorantes, caprichosos e impulsivos. Cada votante estadounidense es uno entre millones de electores; su opinión no determina el resultado. Incluso los más letrados y los mejor informados, como los profesores de universidades “progres”, votaron sus prejuicios.

Por otra parte, las opciones en la boleta electoral no reflejan nuestras preferencias precisas. El individuo mejor capacitado para desempeñar el rol de presidente suele no ser el más elegible o vendible. Los guatemaltecos estamos acostumbrados a votar por el “menos peor” o al “antipolítico” que navega con bandera de novato, pero obviamente los estadounidenses no.

Una tercera confusión es subestimar el efecto corruptor de los grupos de interés en la democracia. Cuando el Gobierno se convierte en un repartidor de privilegios, los grupos de presión luchan indecorosamente por arrebatarse el hueso de la boca unos a otros. Los demócratas prevén la pérdida de miles de empleos públicos, programas y fondos, no solo el cierre de Obamacare. El verdadero monstruo estadounidense es el Gobierno, con una deuda pública que rasca los US$20 billones y casi tres millones de funcionarios al nivel federal. ¿Es esto sostenible? Donald Trump viene del mundo empresarial, y por consiguiente, en teoría, podría poner freno a la inercia del crecimiento del ya obeso aparato público. ¿Es este resultado electoral un ultimátum popular a la altanería, el despilfarro y el impune modus operandi de la clase política?

Artículos Relacionados

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

WP-Backgrounds by InoPlugs Web Design and Juwelier Schönmann