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Perfiles, Vida en rosa — noviembre 19, 2016 at 12:00 pm

#Perfiles La magia de Pauline Lippmann

por

2001

Un hotel, un campo, un jardín, allí donde no hay nada, Pauline Lippmann crea decoraciones de ensueño, que solo provienen de su imaginación.

Las bodas diseñadas por la guatemalteca Pauline Lippman parecen de una revista del jet set internacional. Ninguna de sus creaciones se parece a la otra, pero al verlas se sabe que son de ella, porque tienen su sello particular. Admite que no sabe cuál es el nombre de su profesión aunque estudió dos años de Arquitectura. “Te diría que es interiorismo de bodas”, explica. Sus clientes en cambio, la califican como “artista y creativa”. Pese a que su nombre es popular, su presencia en los medios de comunicación es casi nula, tampoco asiste a las bodas (aunque esté invitada al 90 por ciento) y no concede entrevistas.

Su presencia en redes

En 2014 Pauline accedió a publicar sus diseños en las redes sociales. Subió videos, porque cuando la gente iba a las bodas, tomaba fotos y copiaban sus arreglos. No quería hacerlo, porque es celosa con su trabajo. Tomó la decisión cuando su hija le dijo: “¿Cuál privacidad? Si de todas maneras las personas viralizan las imágenes con tu trabajo”.

Tan solo el video de Guatemalan Chic Wedding ha tenido más de 100,207 reproducciones.

Tiene fama bien ganada como la mejor, pero también hay mitos que la rodean. Y ella lo sabe. “Que si me tienen que dar un cheque en blanco o que no trabajo con presupuesto… ya no sé cuántas cosas dicen que prefiero ignorarlas”, asegura. Se reserva cuánto cobra por la decoración de una boda, pero vox populi se dice que sus precios oscilan entre los Q15 mil hasta los Q400 mil. “Mis bodas no son baratas, pero no porque cobre caro. No son baratas, porque tengo muchos elementos dentro de esa boda”. Su trabajo se puede dividir en tres fases: realiza un plano para analizar la distribución (de la misma manera que lo hace un arquitecto); luego, propone el mobiliario que mejor se acomode al lugar y por último, realiza la decoración.

Lippmann ha incorporado varias tendencias a las bodas de Guatemala que antes no se veían, como las salas lounge, tres diseños de arreglos florales diferentes en un mismo lugar así como elementos guatemaltecos.

Su nombre se pronuncia “Poline”, aunque casi nadie le dice así. Comenzó en la decoración de eventos en 2002, por casualidad. Siempre tuvo buen gusto para sus propias fiestas, así que una amiga le pidió que la ayudara a decorar un cóctel. A partir de entonces, le solicitaron trabajar en más festejos. De eso ya han pasado 14 años. Hace de todo: bautizos, 15 años, aniversarios, graduaciones, cumpleaños y por supuesto, bodas. Junto a ella trabaja Maritza de León, diseñadora de interiores, quien realiza los planos para los eventos. En su empresa solo tiene cinco trabajadores, una bodega y una asistente. Para el resto de actividades, subcontrata a los profesionales.

Cada mes realiza entre 4 y 5 decoraciones. Ninguna le absorbe más tiempo que otra, porque le presta la misma atención a todas como si fueran sus propios festejos. “Llegan conmigo porque quieren algo diferente. Estamos llenos de Pinterest y mil cosas en las redes, es más, yo se las pido, les digo qué quieren, qué les gusta. No para copiar, sino para entenderlos. Entonces, ya les doy mi versión de lo que pienso”, dice. Cada diseño surge de su propia inspiración e intuición. Pueden pasar días sin que nada se le ocurra, hasta que un objeto, un color, algo dejado al azar, es la clave para la creación.

Para solicitarle un proyecto hay que hacerlo con un año de anticipación y seis meses previos al evento, comienza la tarea de diseño. “Me ha pasado que muchos mis diseños ya los han copiado. Y no los quiero repetir. Hubo una boda que tuve que cambiarla. La gente sube las fotos, las comparte y los estilos se filtran”, explica. “Mis clientes me tienen paciencia”, dice mientras sonríe.

Muchos de los artefactos que utiliza ya los tiene, pero en conceptos especiales compra o diseña todo. Algunas veces se queda con esos materiales y en otras, se los entrega a los novios o su familia. Tiene proveedores en diferentes partes de Guatemala, como Cobán, La Antigua Guatemala o Chichicastenango, entre otros. También compra en línea.

Escucha las ideas de las novias, de las mamás, de las suegras; ella prefiere a las parejas que llegan solas, porque están más abiertas a las propuestas. Pauline opina que los enlaces matrimoniales son importantes porque son momentos especiales para una familia. “Se casa un hijo o una hija. Es cuando le ofreces algo a los demás. No por presumir (aunque habrá algunos que sí), es por agradar. Es una fiesta especial, porque podes retribuir muchas cosas a los demás”.

“Lo que no quisiera –agrega- es que pareciera que es tirar el dinero. La gente es dura para ver las cosas. Todo ese dinero se invierte en miles de familias que viven de eso. ¿Qué si se gastan su dinero? Tienen todo el derecho. Pero, al mismo tiempo, lo dan, lo retribuyen a la comunidad. Es difícil ver en nuestro país, con tantas diferencias, que haya fiestas ostentosas. Te diría que nadie me ha llegado a decir lo que quiere de manera altanera, me explican que han ahorrado para ese momento. Ese dinero que me pagan a mí, se va a miles de perso- nas”.

Antes de concluir, recuerda las cosas que inventan de ella y me 
dice en tono de broma: “¿De verdad creen que hay alguien en Guatemala que me va a dar un cheque en blanco? ¡El día que me lo encuentre, me voy con todo su dinero!” (ríe).

Sus tendencias

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“Es difícil decirlo, porque en mi caso, hago lo que se me da la gana (ríe)”.

Sin embargo, cree que las tendencias que continúan vigentes son las bodas rústica- country, boho chic, clásicas en blanco y rojo y las temáticas. Para cada creación, usa todo tipo de materiales, desde vidrio, metal o madera.

 

 

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